Criando Ratas: Cine independiente y neoquinqui

Que Criando Ratas es cine neoquinqui lo dice Carlos Salado, su director y guionista.

Que Criando Ratas es cine independiente lo dice cualquiera que sepa que esta película ha costado 5.000 euros y seis años de trabajo y constancia por parte de un grupo de amigos.

Carlos Salado asegura que Criando Ratas es cine neoquinqui porque sus referentes son los directores Eloy de la Iglesia y José Antonio de la Loma y películas de los ochenta como El Pico y Perros Callejeros, pero la manera hiperrealista de rodar, su lenguaje casi documental, la frescura y naturalidad de sus actores le dan a este largometraje un sello propio.

Ver Criando Ratas es como espiar tras la cortina de una ventana a sus personajes que van y vienen, observarlos en su día a día, en sus disputas, con sus problemas de dinero, sus trapicheos de droga, sus robos, sus “negocios” poco claros y nada legales… Unas veces te ríes, otras te emocionas, otras te disgustas…

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Por algún lado he leído unas declaraciones de su director comentando cómo le ha influido el movimiento Dogma y eso es evidente en la película.

A mí Criando Ratas me ha recordado una serie americana poco conocida, del guionista David Simon y Edward Burns: The Corner, rodada en un barrio de Baltimore, U.S.A., muy semejante al de Criando Ratas. Dicha serie también utiliza un lenguaje visual de documental y, aunque hay algunos actores profesionales, la mayoría de los personajes que aparecen son gente del barrio interpretando su propia vida.

The Corner inspiró lo que sería una de las series de más calidad y prestigio de la televisión: The Wire, también creada por David Simon y Edward Burns.

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El escenario de Criando Ratas es Colonia Requena y las Mil Viviendas, de Alicante, y los actores son sus habitantes, la gente del barrio, los niños y jóvenes que se pasan el día callejeando y en sus parques.

La excusa argumental que utiliza Carlos Salado para que sus personajes se muevan y actúen es que su protagonista, Cristo (Ramón Guerrero), tiene una deuda con gente muy peligrosa y se pasa todo el día intentando conseguir una fuerte suma de dinero que debe entregar esa noche si no quiere sufrir las violentas y dolorosas consecuencias.

Cristo es un cani, un quinqui de los muchos que pueblan Criando Ratas. También lo son sus amigos. El resto de personajes no le andan muy a la zaga: prostitutas rusas, un macarra rumano, una banda de búlgaros…

La película ha sido presentada en pequeñas salas desde diciembre, y el siete de enero fue colgada en Youtube, donde ya la han visto casi 900.000 personas en el momento en que escribo esto. Aquí dejo el enlace por si alguien se anima a ver Criando Ratas.

El Siglo del Individualismo: Cómo controlar a las masas y que parezca democracia

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The Century of the Self (El Siglo del Individualismo o El Siglo del Yo), es una serie de cuatro documentales escrita y dirigida por Adam Curtis en 2002 que nos habla de la manipulación a la que todos estamos sometidos por las empresas que nos venden sus productos a través de la publicidad y por los partidos políticos que intentan (y consiguen) controlarnos mediante la propaganda ideológica.

El Siglo del Individualismo nos explica cómo Edward Bernays, sobrino de Sigmund Freud, utilizó el trabajo del famoso psicoanalista y de su hija, Anna Freud, para cambiar radicalmente las técnicas publicitarias de las empresas, primero, y la propaganda ideológica y política más tarde.

El primer episodio de El Siglo del Individualismo (Máquinas de la Felicidad) se inicia con una significativa introducción:

“Hace 100 años, una nueva teoría acerca de la naturaleza humana fue propuesta por Sigmund Freud. Él decía haber descubierto primitivas fuerzas sexuales y agresivas escondidas dentro de la mente de todos los seres humanos. Fuerzas que de no ser controladas llevarían a los individuos y a las sociedades  al caos y la destrucción.

Esta serie trata acerca de cómo quienes están en el poder han utilizado las teorías de Freud para intentar controlar a las peligrosas multitudes en una era de democracia de masas”.

Edward Bernays descubrió a las grandes empresas cómo podrían hacer que la gente quisiera cosas que no necesitaba, vinculando bienes de consumo con sus deseos inconscientes.

Se trataba de vender un producto a nuestra parte emocional, no a nuestro intelecto. Es decir: Hacernos comprar determinado producto no porque sea de calidad o nos sea útil sino porque creemos que nos vamos a sentir mejor si lo tenemos.

Después serían los partidos políticos y los grupos de poder los que aprendieran a controlar a la población aplicando las técnicas que tanto éxito habían tenido en la publicidad comercial.

La idea básica era sencilla y maquiavélica: Satisfaciendo los deseos íntimos egoístas de la gente se les hace más “felices” y, por lo tanto, dóciles. Una manera de corromper la democracia creándonos el espejismo de que somos los ciudadanos los que decidimos en las urnas, cuando lo cierto es que nuestros dirigentes estimulan nuestro yo irracional en la dirección que a ellos les beneficia.

Como ya he dicho anteriormente, El Siglo del Individualismo consta de cuatro episodios: Máquinas de la Felicidad, La Ingeniería del Consentimiento, Hay un Policía en Nuestras Cabezas que Debe Ser Destruido y Ocho Personas Brindando. Los cuatro capítulos se podrían resumir en una sola frase: Cómo controlar a las masas y que parezca democracia.

La forja del héroe: el modelo narrativo más utilizado de la historia

El modelo narrativo llamado “La Forja del Héroe” o “El Viaje del Héroe” es el más utilizado de la historia:

Podemos encontrarlo en los mitos y leyendas de todas las culturas, en los cuentos tradicionales que han llegado hasta nosotros por transmisión oral de generación en generación, Cervantes lo utilizó en El Quijote (aunque seguramente no sabía que lo estaba haciendo) y se encuentra en los guiones de muchas películas, incluidas todas, o casi todas, las de la Disney.

Aunque “La Forja del Héroe” tiene variantes infinitas, su estructura básica es siempre la misma y se basa en la utilización de arquetipos.

El psiquiatra y psicólogo suizo Carl Gustav Jung fue el primero en observar que ciertas figuras que aparecen en nuestros sueños son iguales a personajes míticos de todas las culturas.

Jung llegó a la conclusión de que cada uno de estos arquetipos refleja un aspecto de la mente humana, es una parte de nuestra personalidad y forma parte del inconsciente colectivo. Por eso existen una serie de personajes y situaciones recurrentes en los mitos, leyendas y cuentos tradicionales: el protagonista que desea conseguir algo, el anciano sabio que le dota de poderes mágicos o lo adiestra en determinadas habilidades, el malvado villano, la madre buena, la madrastra mala…

El especialista en mitología y religión Joseph Campbell aplicó las teorías de Jung a sus estudios sobre las mitologías de los grupos culturales más diversos: polinesios, griegos, africanos, etc. Llegando a la conclusión de que estos sistemas simbólicos son creaciones naturales de la mente humana y por eso son comunes en culturas tan diferentes.

La Forja del Héroe implica siempre un viaje, por eso se le llama también El Viaje del Héroe, pero este viaje no tiene por qué ser siempre físico, puede ser un itinerario interior.

Según Campbell, la desorientación y perturbación de la sociedad occidental contemporánea podría deberse al descrédito y racionalización en que han caído las mitologías y arquetipos tradicionales que, al ser sometidos a una antinatural racionalización han vuelto a su lugar de origen, el inconsciente.

Quizá el creciente interés por antiguas supersticiones y la vuelta a distintas tradiciones paganas por parte de mucha gente hoy en día, se deba a la necesidad inconsciente de recuperar la magia y lo sobrenatural en un mundo cada vez más oprimido por la dictadura del materialismo.

Es posible también que el entusiasmo de los jóvenes de las últimas décadas por el género fantástico, se deba a la necesidad de llenar el hueco que ha dejado en su formación la escasa presencia de literatura clásica en la enseñanza y la sustitución de los cuentos tradicionales por otros supuestamente más “educativos”.

Baron Noir: Una serie francesa que podría ser española

Es lo que pensé cuando estaba viendo el primer episodio de Baron Noir: esta serie podría ser española. Lo pensé porque el primer capítulo de  Baron Noir empieza hablando de financiación ilegal de partidos políticos, de desvío de fondos y del cobro de comisiones ilícitas a empresas constructoras… Un tema que nos resulta muy familiar a todos los españoles.

Baron Noir trata también de enfrentamientos internos en el Partido Socialista, de traición, de grupos enfrentados… ¿Os suena?

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Producida y emitida en 2016 por Canal+ France y creada por los guionistas Eric Benzekri y Jean-Baptiste Delafon, la primera temporada de Baron Noir consta de 8 episodios de 52 min. de duración.

Su protagonista es Phillippe Rickwaert (Kad Merad), diputado del Partido Socialista y alcalde de Dunkerke.

Phillippe, al que llaman Baron Noir, no es precisamente honrado pero tampoco lo son sus compañeros de partido… empezando por Francis Laugier, candidato a la presidencia francesa que no duda, con tal de salvarse,  en traicionar al protagonista y hacerle cargar con la culpa de la financiación ilegal del partido. Esto desencadenará el deseo de venganza del protagonista.

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Cuando Baron Noir se estrenó, los franceses encontraron paralelismos entre su argumento y el “caso de los empleos ficticios del Ayuntamiento de París” en el que se vieron envueltos Alain Juppé y el expresidente francés Jacques Chirac cuando se descubrió que el Ayuntamiento de París pagaba los sueldos de varios empleados que nunca trabajaron allí, sino que lo hacían en el partido presidido por Jacques Chirac, el RPR. Supongo que ahora, cuando vean la serie, pensarán en el candidato derechista a la presidencia François Fillon, acusado de gastar el dinero de los contribuyentes en pagar elevados sueldos por empleos inexistentes a su esposa e hijos.

Los que hayáis disfrutado con series como la británica House of Cards, su homónima americana o la danesa Borgen, seguro que también lo pasaréis bien con Baron Noir.

El Melodrama: Entre los sentimientos y el sentimentalismo

Según el Diccionario de la Lengua Española de la R.A.E. melodrama es una “obra teatral, literaria, cinematográfica o radiofónica en la que se acentúan los aspectos patéticos y sentimentales”. También según la R.A.E., patético es aquello “que es capaz de mover y agitar el ánimo infundiéndole afectos vehementes, y con particularidad dolor, tristeza o melancolía”.

Son melodramas la mayoría de las telenovelas, muchas historias de amor, las comedias románticas, y esas películas que podríamos etiquetar como “muy bonitas, muy humanas y con muchos sentimientos”.

La característica básica del melodrama es la utilización de lo sentimental, su exageración y enfatización hasta cruzar la frontera entre los sentimientos auténticos y el sentimentalismo, entre las emociones verdaderas y la simulación de estas.

En este género los personajes no son individuos únicos e irrepetibles (como lo somos los seres humanos) sino estereotipos: La madre coraje, la mujer maltratada, el niño indefenso, el enfermo, el villano brutal, el desvalido, el humillado, etc.

Los personajes del melodrama carecen de la profundidad y elaboración que tendrían en otros géneros porque es necesario que el público se proyecte en ellos, les ponga su propia identidad o la de alguien que conoce. Si los personajes fueran muy elaborados y, por lo tanto, individualizados, el espectador sentiría compasión o simpatía por ellos, sí, pero no viviría la narración como si le estuviese pasando a él y no se conmovería tanto.

También las situaciones que se plantean en el melodrama son genéricas: Conflicto entre clases sociales extremas (muy altas y muy bajas), enfrentamiento entre un personaje muy muy bueno y otro muy muy malvado, cambio brusco de condición social (¿quién no ha soñado alguna vez con que le toque la lotería?), sacrificio extremo de un personaje que renuncia a su bienestar, su felicidad e incluso su vida por amor a su pareja, su hijo, su país o el bien de su comunidad…

¿Por qué es preciso que para que un melodrama cumpla con su objetivo de conmover al espectador, emocionarlo y hacerle soltar alguna lagrimita se utilicen situaciones genéricas y poco desarrolladas? Porque así el público rellenará los huecos de la historia con sus vivencias personales y pondrá sus propios sentimientos en lo que se le está contando.

Lo que conmueve al espectador de un melodrama no es lo que le ocurre a la protagonista de turno sino lo que siente que le pasa, le ha pasado o podría pasarle a él si estuviera en la situación del personaje.

Nota: Esta entrada está dedicada a Eli. Ella me dio hace unos días la idea de impartir un seminario sobre el melodrama y la diferencia entre sentimientos reales y sentimentalismo. ¡Estoy en ello, Eli! Un abrazo.

Nosferatu: La soledad del monstruo

De todos los vampiros, literarios y cinematográficos que conozco, sólo el viejo Nosferatu de Murnau (Alemania, 1922) ha sido capaz de despertar mi compasión. Basada en la novela de Bram Stoker y con guion de Henrik Galeen, la película “Nosferatu, una Sinfonía del Horror” es una de las que mejor reflejan lo que significa ser un monstruo.

Nosferatu, eine Symphonie des Grauens

El monstruo no es bueno ni malo. Ser un monstruo no es positivo ni negativo en sí mismo.

La diferencia entre la monstruosidad y la normalidad es una mera cuestión estadística:

Es normal aquello que entra dentro de la norma, es decir, que tiene las características mayoritarias en la naturaleza.

Es monstruoso aquello que tiene demasiadas propiedades que se apartan de la normalidad.

Por ello el monstruo es un ser anormal.

Y ser anormal tampoco es bueno ni malo, negativo o positivo, simplemente es un calificativo que describe lo que no sigue la norma.

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El conflicto entre normal y anormal, entre el monstruo y el resto de los seres, surge cuando se ven obligados a compartir un mismo espacio, porque el exceso de características que les diferencian no sólo les impide convivir sino que les enfrenta: para que uno de ellos sobreviva, el otro debe morir.

El vampiro está obligado a destruir al ser humano porque necesita su sangre para sobrevivir, como el león precisa de la carne de la cebra para alimentarse.

El ser humano necesita destruir al vampiro porque su proximidad es una seria amenaza para la supervivencia.

Ninguno de los dos es el “malo” de la película puesto que ambos se limitan a luchar por su supervivencia según les obligan las leyes naturaleza.

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El monstruo, el vampiro, está condenado a la soledad a la vez que se ve obligado a buscar la proximidad con los seres humanos. Y el guionista Henrik Galeen y F.W.Murnau supieron reflejar muy bien esa soledad en la película Nosferatu, con ese pobre vampiro que vive aislado en su viejo castillo de los Cárpatos, sin nadie que le acompañe… que tiene que conducir él mismo su coche de caballos porque no tiene cochero… que sirve la cena a su invitado alegando que los criados están durmiendo, cuando sabemos que no puede tener criados… que pasa las noches solo y en vela, espiando tras la ventana lo que sucede en la casa de sus vecinos humanos…

Por eso, por esa soledad obligada y no escogida, Nosferatu me ha parecido siempre digno de compasión.

Cada vez que vuelvo a ver esta vieja película de Murnau y veo ese pobre monstruo, tan terriblemente feo, recorrer las calles vacías de la ciudad con su ataúd bajo el brazo, no puedo evitar sentir cierta ternura hacia él…

The Man In The High Castle: Una reflexión sobre la Guerra Fría

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Creada por el guionista Frank Spotnitz y producida por él mismo y por Ridley Scott, The Man in the High Castle (El Hombre en el Castillo), es una serie de Amazon basada en la novela del mismo título de Phillip K. Dick.

The Man In The High Castle es una ucronía, una reconstrucción ficticia de la historia utilizando situaciones hipotéticas.

El argumento se basa en la idea de que los vencedores de la Segunda Guerra Mundial fueron los nazis y los japoneses y que gran parte del planeta quedó dividido en dos grandes bloques:  Uno perteneciente al III Reich y otro bajo el dominio de los Estados Japoneses del Pacífico. Entre ambos quedó una tercera parte llamada la Zona Neutral.

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En The Man In The High Castle los personajes no son “malos” o “buenos” completamente, ni son juzgados por su pertenencia a uno u otro bando. El espectador puede empatizar con John Smith, dirigente nazi pero excelente padre de familia y dispuesto a hacer lo que considera correcto, aunque le perjudique. O sentir simpatía por el ministro japonés de comercio, fiel a su país pero preocupado por los acontecimientos políticos que pueden llevar a una guerra en la que morirían millones de seres humanos.  O identificarse con la protagonista, Julianna, que trabaja para la Resistencia pero no duda en enfrentarse a sus compañeros para salvar la vida de personas que considera que se lo merecen como Joe Blake, el espía alemán; o Thomas, el adolescente nazi al que podrían matar sus correligionarios si descubren que tiene una enfermedad genética.

Asimismo, hay personajes negativos en el bando de los “buenos”: en la Resistencia no todos son idealistas que luchan por la libertad, también hay individuos de turbio pasado que aprovechan la coartada moral de “estar en el lado correcto” para dar rienda suelta a su instinto criminal.

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A pesar de lo que pueda parecer a simple vista, El Hombre del Castillo no especula sobre cómo sería una sociedad gobernada por los nazis y los japoneses, sino que utiliza esa hipótesis para distanciarse y reflexionar sobre la situación geopolítica de los primeros años de la década de los 60, cuando gran parte del mundo estaba divido en dos bloques: uno dominado por la Unión Soviética y el otro por los U.S.A. y existía una tercera zona relativamente “neutral” que era la Europa occidental.

Los dos bloques estaban enfrentados en lo que se llamó la Guerra Fría y la amenaza de que una confrontación bélica entre ambos destruiría gran parte del planeta, hizo que reprimieran a duras penas las ganas de eliminarse mutuamente.

La acción de The Man In The High Castle transcurre en 1962, año en el que Phillip K. Dick publicó la novela en la que se basa la serie. Y no es casual que el libro se publicara en octubre de 1962, mes en el que la Crisis de los Misiles entre Estados Unidos y la Unión Soviética tuvo lugar y momento en el que estuvo a punto de estallar la tercera guerra mundial.

The Man In The High Castle es una reflexión sobre la Guerra Fría.

Funciones dramáticas de los personajes

En un guion no puede haber elementos inútiles porque todo aquello que no ayude a contar la historia la dispersará y la volverá confusa, le hará perder fuerza, claridad y concentración.

Esto es especialmente importante cuando se trata de los personajes, ya que ellos son las piezas principales con las que el guionista monta ese rompecabezas que es un guion. Por lo tanto, no debe haber personajes inútiles.

¿Cómo sabemos que un personaje es inútil?

Es más sencillo de lo que puede parecer a primera vista: Si tenemos en cuenta que todo personaje debe cumplir una función dramática dentro de la historia, bastará con examinar nuestro guion y preguntarse qué función desempeña cada uno de ellos en la historia: aquel que no cumpla ninguna será un personaje inútil.

¿Cuáles son las funciones dramáticas de un personaje en un guion?

Existen cinco funciones dramáticas básicas:

  1. Contar la historia: Cuando el personaje, con sus acciones, con lo que dice, por cómo reacciona ante las situaciones en las que actúa, por las decisiones que toma y las consecuencias de éstas, nos ayuda a comprender el relato, hace que nos interesemos por lo que se nos cuenta y/o hace avanzar el argumento.
  2. Apoyar a un personaje principal: Cuando sirve para dar profundidad a otro personaje y nos ayuda a conocerlo mejor, a entender qué siente y por qué actúa de la manera en que lo hace.
  3. Comunicar el tema, supraidea o superobjetivo temático de la historia: Es decir, ayudar a entender al espectador la “moraleja” o la filosofía de la narración.
  4. Realizar acciones necesarias para que avance la trama: Si el protagonista sube a un taxi, tendrá que haber un taxista que conduzca; si el antagonista compra rifles en el mercado negro, será necesario que haya un traficante de armas que se los venda, etc.
  5. Añadir color y ambiente a la historia: Si el guion es la biografía de un boxeador, necesitaremos que aparezcan otros boxeadores, entrenadores, y gente que haga “sentir” al espectador que “está” en el mundo del boxeo; si el relato ocurre en la Prehistoria, serán precisos personajes característicos de esa época por su comportamiento, sus quehaceres o su forma de entender la vida que le den un “clima” prehistórico a la película.

Un personaje puede realizar varias de estas funciones dramáticas básicas, pero si no lleva a cabo ninguna, es un personaje inútil y por la tanto hay que eliminarlo.

Z Nation acabará convirtiéndose en serie de culto

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Z Nation es una serie de zombis producida por SyFy que despierta odios y amores a partes iguales: Sus detractores la acusan de ser una copia de The Walking Dead, de tener menos presupuesto que esta y de que sus efectos especiales dejan mucho que desear. Sus defensores alegan que tiene más acción y es más divertida que TWD. Ambos grupos tienen razón.

Los creadores de Z Nation son Craig Engler y Carl Schaefer y ambos tienen experiencia en zombis y temas semejantes: Craig Engler es el autor del guion de las tv movies Apocalipsis Zombi (Zombi Apocalypse) y La Furia del Yeti (Rage of the Yety) y Carl Schaefer trabajó como guionista en La Zona Muerta (The Dead Zone) y Entre Fantasmas (Ghost Whisperer).

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La acción de Z Nation se sitúa tres años después del apocalipsis zombi, cuando un grupo de supervivientes deben cruzar Estados Unidos, desde Nueva York a California, con un presidiario cuya sangre parece ser portadora de una posible vacuna anti zombi. El presidiario, Murphy, es poco colaborador y la convivencia con él no es fácil.

Esta es la excusa para mantener a los personajes en movimiento constante mientras luchan contra zombis, bandas de delincuentes, sicarios mexicanos, grupos de supervivientes, mutantes y… cualquier cosa que se le pueda ocurrir a uno.

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Si buscas una serie profunda que haga reflexionar, o que tenga una estética “artística” Z Nation no te va a gustar. Tampoco te agradará si eres de los que piden una línea argumental sólida, porque en esta serie el guion es cada vez más loco.

Pero, precisamente, la locura de su guion (que va en aumento a medida que transcurren las temporadas) y las situaciones cómicas en las que a veces se encuentran sus personajes es lo que les gusta a sus seguidores.

Z Nation no es una obra maestra ni pretende serlo pero es divertida y está llena de acción. Apostaría algo a que acabará convirtiéndose en serie de culto.

Find my Phone: ¿Qué pasa con tu móvil cuando te lo roban?

¿Qué pasa con tu móvil cuando te lo roban? ¿A dónde va? ¿Qué hacen con él?

Cuando un ladrón sustrae un teléfono móvil no sólo se apropia de algo que puede darle una cantidad de dinero importante, también tiene acceso a mucha información personal de su víctima: fotos, vídeos, emails, contactos, etc.

El joven realizador holandés Anthony Van Der Meer se preguntaba qué clase de persona roba un móvil y dónde acaba ese móvil.

Para hallar respuesta a estas cuestiones decidió programar un teléfono con spyware que le permitiera tenerlo localizado, escuchar las llamadas que se realizaran desde el mismo y hacer fotos con él. Una vez programado el teléfono, se lo dejó robar en una estación de metro.

Este es el punto de partida del documental “Find My Phone”, de 21 minutos de duración, en el que Anthony Van Der Meer sigue durante semanas al ladrón de su móvil.

“Find My Phone” se ha hecho viral en You Tube donde ha recibido ya más de 5.000.000 de visitas.