¿Por qué nos gustan las historias de monstruos?

Desde hace miles de años el ser humano se ha sentido atraído por las historias que narran el enfrentamiento de un héroe contra un monstruo.

Alien, King Kong o los zombis de nuestros días son la nueva versión de seres monstruosos como el Minotauro, la Medusa o los dragones de los mitos de la antigüedad y las brujas, los gigantes o los ogros de los cuentos tradicionales.

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Habitualmente el monstruo es una amenaza para el héroe y/o para una comunidad:

San Jorge debe luchar contra el dragón porque éste destruirá el reino si no se le entrega una doncella cada cierto tiempo, los zombis deben ser eliminados porque pretenden devorar los cerebros de todo ser humano que se les ponga por delante, la bruja de Hansel y Gretel tiene esclavizada a Gretel y planea comerse a Hansel…

El monstruo puede ser una criatura extraterrestre como en las películas de “Alien”, un animal peligroso como en “Tiburón”, un hombre aparentemente normal pero que esconde un interior monstruoso como en la serie “Hannibal”. También puede ser una multitud como en el caso de los filmes de zombis. Incluso puede ser una extraña enfermedad que amenaza con acabar con toda la humanidad.

Hannibal

A primera vista, las historias de monstruos son muy sencillas:

El protagonista se enfrenta a una criatura pavorosa y aparentemente invencible, pierde todas las batallas, su situación es cada vez peor a medida que avanza la narración y, cuando parece que va a sucumbir ante el terrible enemigo, realiza un esfuerzo sobrehumano que le otorga la victoria sobre el monstruo.

El héroe de estos relatos no es muy elaborado desde el punto de vista psicológico ni experimenta ningún cambio interior o evolución.

Se diría que estas historias son una repetición constante de la misma narración con ligeras variaciones como pueden ser lo pintoresco del aspecto del monstruo o la espectacularidad de sus poderes de destrucción.

Pero la simplicidad de las historias de monstruos es sólo aparente porque son relatos simbólicos, dirigidos a nuestro subconsciente.

Como todos los mitos y cuentos infantiles tradicionales, son narraciones en las que a través de una historia externa se relata un itinerario interior de cambio emocional.

Los héroes de estas historias no sufren cambios interiores ni tienen profundidad psicológica porque son arquetípicos y no la necesitan: el monstruo con el que se enfrentan simboliza la carencia, fallo humano o demonio interior que deben superar.

Matar al monstruo es un símbolo de evolución y superación que puede que no comprendamos de manera consciente (ni falta que hace: si lo hiciéramos, la historia dejaría de ser “sanadora” o “eficaz” para nuestra psique) pero que nuestro subconsciente sí que capta y entiende. Por eso nos gustan las historias de monstruos, porque nos ayudan a superar nuestros demonios internos.

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Existen cuatro variantes según el tipo de monstruo, su relación con el héroe y/o la forma en que el espectador percibe al primero:

Cuando le tomamos cariño al monstruo

Ejemplo de este tipo de películas son “Frankenstein” o “King Kong”. En ellas el guion empieza de la forma habitual con el monstruo causando estragos en una comunidad, pero a medida que avanza la historia nos vamos dando cuenta de que la criatura que debería asustarnos tiene cualidades buenas y parece más humano que los humanos, empezamos a justificar sus acciones y terminamos poniéndonos de su parte. Acabamos tomándole cariño.

Esta clase de película suele funcionar mal porque, desde el punto de vista de simbolismo subconsciente, si el monstruo no es “malvado” no puede ser el representante de un defecto interior y el espectador, que percibe esto inconscientemente, intenta reconstruir la historia a su manera para darle sentido, acaba percibiendo al héroe como negativo y no se identifica con él.

Huir del monstruo

“El Incidente (The Happening, guion y dirección de M. Night Syamalan) o “El Diablo Sobre Ruedas” (Duel, escrita por Richard Matheson y dirección de Spielberg) son dos muestras de esta variante de historias de monstruos.

En la primera, “El Incidente”, el protagonista se limita a huir, sin luchar, de la extraña enfermedad que hace que la gente se suicide, lo que puede ser lógico en la vida real pero resulta poco efectivo como simbolismo porque nadie supera un fallo interior intentando huir de él.

En el segundo ejemplo, “El Diablo Sobre Ruedas”, el héroe se pasa parte de la película huyendo de un camión que le persigue, pero llega un momento en el que comprende que no puede escapar y decide enfrentarse a su perseguidor con intención de acabar con él.

El mensaje simbólico de la primera sería: “Si huyes de tu demonio interior, puede que acabe desapareciendo”. En el caso de la segunda es: “Si luchas contra tu problema interno, acabarás derrotándolo”. Evidentemente, éste último resulta mucho más inspirador que el primero.

Otra muestra de film con protagonista que huye del monstruo es “El Proyecto de la Bruja de Blair” (“The Blair Witch Project”, escrita por Daniel Myrick y Eduardo Sánchez) donde un grupo de documentalistas son perseguidos por algo sobrenatural y mortífero a través del bosque hasta que todos acaban muertos. El mensaje simbólico en este caso es: “Si huyes de tus defectos internos, acabarán destruyéndote”.

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Matar al monstruo equivocado

Es lo que le sucede a Sean Penn en “Mystic River” (guion de Brian Helgeland) que cree que su hija ha sido asesinada por un amigo suyo y lo mata. Después descubre que el asesino es otro.

En este caso, el protagonista ha matado al monstruo equivocado y su situación es mucho peor que antes de hacerlo.

El mensaje simbólico es evidente: “Cuidado con luchar contra un fallo interno erróneo porque acabarás con problemas mayores de los que ya tenías”.

El monstruo mata al héroe

Es lo que sucede en “Valkiria” (Valkirye, guion de Chistopher McQuarrie y Nathan Alexander) donde Tom Cruise es un oficial alemán que conspira para asesinar a Adolf Hitler y acabar con el nazismo. El plan fracasa y Tom Cruise es fusilado.

Esta variante no suele gustarle al público porque el mensaje simbólico es desesperanzador: “Hay demonios interiores tan fuertes que, si intentas luchar contra ellos, acabarán derrotándote”.

1984: La dictadura de lo políticamente correcto

Lo que en “1984” se denomina “crimen mental” es lo que el Ministro de Propaganda de Hitler -Joseph Goebbels- llamaba “lo ideológicamente incorrecto” y lo que nuestros políticos actuales y sus lacayos califican como “políticamente incorrecto”.

En los tres casos el objetivo es el mismo: imponer el pensamiento único sin posibilidad de disentir.

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La película británica “1984” (Nineteen Eighty-Four) es una adaptación de la novela homónima de George Orwell.

Escrita por los guionistas Jonathan Gems y Michael Radford y dirigida por este último, “1984” transcurre en una sociedad totalitaria gobernada por el Partido Único y por el líder de este, el Gran Hermano, un dictador al que nadie ha visto nunca pero que observa a los ciudadanos a través de innumerables cámaras.

Además de las cámaras que vigilan, el Gran Hermano se sirve de otro arma para controlar a las masas: innumerables pantallas de televisión repiten consignas ideológicas que hay que aceptar como verdades irrefutables si no se quiere ser acusado de “crimen mental”.

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En “1984” nadie puede evitar ser observado por el Gran Hermano y es imposible desconectar las pantallas que adoctrinan a los individuos y les aleccionan a “pensar correctamente”, es decir: a repetir lo que dice el Partido Único sin cuestionarlo.

Quien se atreve a pensar y, por lo tanto, a disentir es considerado “socialmente inadaptado”, culpable de “crimen mental” y la Policía del Pensamiento actúa rápidamente para corregir y reeducar al individuo “antisocial”.

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El protagonista de “1984” es Winston Smith (John Hurt), un empleado del Ministerio de la Verdad cuyo trabajo consiste en reescribir la historia para que esta coincida con lo que el Partido Único y el Gran Hermano dicen.

Winston intenta pensar “lo correcto” pero no puede impedir darse cuenta de que la verdad no se corresponde con lo que muestran una y otra vez las pantallas. Se pregunta cómo es posible no ver la realidad por mucho que el Partido Único y la Policía del Pensamiento se empeñen en ello: “¿Cómo puedo evitarlo? ¿Cómo puedo evitar ver lo que tengo delante de mis ojos?” Esa será su perdición.

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“1984” es una historia triste, incómoda, que transcurre en un mundo gris, pobre, sucio, sin sol… Es una película estéticamente “fea”, con un feísmo intencionado que la llena de desesperanza y desolación.

“1984” no es una película agradable de ver como la novela en la que se basa no es grata de leer, pero la visión de la primera y la lectura de la segunda son imprescindibles para aquel que quiera escaparse de la dictadura del Gran Hermano y desee pensar y opinar por sí mismo.

Un guion es tan bueno como lo es su villano

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Aunque, como espectadores, nos identificamos con los protagonistas de las películas y series de televisión que nos gustan, lo cierto es que muchas veces son los villanos, los antagonistas, las auténticas estrellas de las historias de más éxito:

¿Crees que las aventuras de Batman tendrían tantos seguidores si no existiera el Joker?

Han transcurrido más de cien años desde que Bram Stoker escribiera “Drácula” y casi se nos olvida que el célebre vampiro no era el protagonista sino el antagonista de la novela y de casi todas las películas que se han producido sobre él desde entonces.

El impacto que causó la película “El Silencio de los Corderos” se basa en un magnífico villano que ni era protagonista ni antagonista, sino un personaje catalizador que ayudaba a mantener la historia en movimiento y daba información necesaria para que avanzase la acción. Sí, me refiero al inolvidable Hannibal Lecter interpretado por Anthony Hopkins y que eclipsó a la protagonista, Clarice Starling, y al antagonista, el asesino apodado Buffalo Bill.

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A la hora de escribir un guion hay que dedicarle tanto o más tiempo y atención al villano que al protagonista, aunque suele ser más divertido crear y desarrollar al malvado que al “chico de la película”. ¿Por qué? Muy sencillo: Mientras el protagonista debe seguir unas normas éticas o morales, el antagonista puede hacer cualquier cosa que desee para conseguir su objetivo y, por lo tanto, el guionista puede ser mucho más creativo con su villano que con su héroe.

Muchas veces el antagonista del guion es todo lo opuesto al protagonista. También puede ser una versión oscura y desequilibrada de la personalidad del héroe.

Si quieres crear un villano inolvidable debes tener en cuenta que no basta con imaginar a alguien muy malvado, además debes individualizarlo, hacerlo único, darle alguna característica que lo humanice y lo aleje del cliché.

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Debes tener presente que el villano no se ve a sí mismo como tal, de la misma manera que ninguna persona real -no importa lo malvada que sea- se considera a sí misma una mala persona. Seguramente, Hitler y Stalin tenían una idea más positiva de sí mismos que la que tenemos nosotros.

En el fondo, los villanos representan nuestros temores, nuestros deseos más profundos y oscuros, lo que nos da miedo de nuestro propio interior, de nuestros instintos más primarios…

Se dice que un guion es tan bueno como lo es su villano.

Dictadores cinéfilos: Hitler, Stalin, Mussolini y Franco

Hitler, Stalin, Mussolini y Franco comprendieron la importancia del cine como medio de propaganda política y como tal lo utilizaron para engrandecer sus figuras ante las masas. Pero también fueron grandes cinéfilos:

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Adolf Hitler

El líder del Partido Nazi tenía la costumbre de ver una película cada noche después de cenar. Le gustaban las históricas y las biográficas como “Bismarck” (1940) y “Der Grosse König” (El Gran Rey, 1942), sobre Federico de Prusia.

También era aficionado a las historias situadas en ambientes regionales tradicionales que reflejaban, según él, la verdadera Alemania o… la verdadera España, ya que confesó a la artista Imperio Argentina, en 1937, que había visto tres veces “Nobleza Baturra” (1934) y otras tres “Morena Clara” (1936).

Su aprecio por el cine español fue el que hizo que, durante la Guerra Civil Española, invitara a cineastas del lado franquista a rodar en los estudios germanos.

A Hitler también le gustaban la primera versión de “King Kong” (1933) y “Blancanieves y los Siete Enanitos” de Walt Disney. Hace unos años se encontraron unas pinturas de varios enanitos y de Pinocho firmadas por A. Hitler que se cree que están realizadas por el líder del Tercer Reich.

Adolf Hitler supervisó personalmente la realización de películas destinadas a glorificar la imagen del Partido Nazi y de su propia figura, como las realizadas por la directora Leni Riefenstahl: “Triumph des Willens (El Triunfo de la Voluntad, 1934) y Olimpiada (1936).

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Joseph Stalin

Como Hitler, Joseph Stalin tenía su propia sala de proyección privada y todas las noches, después de cenar, veía una película (a veces varias) con algunos de sus colaboradores más cercanos.

Le gustaban el film protagonizado por Johnny Weismuller en 1934, “Tarzán” y “Tiempos Modernos” (1936) de Charlot.

Cuando, en 1938, S. M. Einsenstein estaba acabando de montar “Alexander Nevsky”, el dictador soviético sentía tal apremio por ver la película que no pudo esperar a que ésta se estrenase y mandó que se la llevaran al Kremlin cuando aún no estaba terminada. Parece ser que le entusiasmó.

No le gustaban nada los westerns y detestaba especialmente a John Wayne hasta el punto de ordenar su asesinato por considerarlo un enemigo del comunismo y representante de lo peor del capitalismo. Agentes del KGB y varias células comunistas intentaron varias veces acabar con la vida del actor hasta que, a la muerte de Stalin, su sucesor Nikita Khrushchev canceló la orden.

Es conocida la afición que Joseph Stalin tenía de mandar hacer “desaparecer” de las fotografías a sus antiguos camaradas cuando él los declaraba traidores a la revolución y enemigos del pueblo. También los hacía desaparecer de las películas, como hizo con Trosky en “Octubre” (1928) de Einsenstein.

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Benito Mussolini

Al dirigente fascista le gustaba el cine y sentía debilidad por actrices como la norteamericana Anita Page (con la que mantuvo correspondencia) o la protagonista de “Éxtasis” (1933), Hedy Lammar.

El hijo de Mussolini, Vittorio (director de la revista “Cinema” y guionista), era el encargado de seleccionar las películas que el dictador y su familia veían en su residencia. La elección no debía de ser muy complicada si es cierto, como se dice, que veían todas las producciones que se exhibían en Italia.

Coincide con Stalin en su gusto por “Tiempos Modernos” e incluso permitió su estreno en Italia, a pesar de las ideas antifascistas de Charlie Chaplin.

En cambio, prohibió la película “Ragazzo” (1933), en la que se cuenta cómo un joven delincuente es rehabilitado por la sección juvenil del partido de Mussolini, porque no quería que la gente pensara que los fascistas provenían de ambientes marginales.

También veía filmes opuestos a su ideología y prohibidos por él mismo en Italia como la película pacifista “Sin Novedad en el Frente” (1930) o El Acorazado Potemkin” (1925).

 

Franco

Francisco Franco

Además de ver cine, a Franco le gustaba hacerlo. Ya en su época en África tenía una cámara con la que filmó la retirada de Xauen y otras experiencias militares. Estas películas se perdieron en 1936 cuando su casa en Madrid fue saqueada. No es difícil encontrar fotografías del dictador filmando con su cámara durante la Guerra Civil (en el Frente del Ebro, por ejemplo) y a lo largo de toda su vida en diferentes ocasiones.

En 1926 participó como actor en la película “La Malcasada”, un film en el que actúan diferentes personalidades de la época como el Conde de Romanones, el General Sanjurjo,  Millán Astray, Alejandro Lerroux, los toreros Belmonte y Sánchez Mejías, los escritores Manuel Machado y Valle Inclán…

También indicó temas a tratar en películas propagandísticas como “Prisioneros de Guerra” (1938), un documental sobre miembros de las Brigadas Internacionales.

Si cuando era militar acostumbraba a ir muchas tardes al cine con su mujer, cuando se convirtió en jefe de estado mandó instalar una sala de proyección en el Palacio del Pardo. En noviembre de 1939, la Dirección Nacional de Cinematografía (DNC), pide a las productoras UFA, Fox y LUCE que envíen cada semana sus noticiarios para que Franco pueda verlos. También veía, claro está, el NODO, además de películas comerciales.

Le gustaban los filmes históricos y los de ambiente militar. Una de sus favoritas era “Beau Geste” (1939) sobre la Legión Extranjera.

Utilizando el seudónimo Jaime de Andrade, escribió el guion de “Raza” (1941) y más tarde intervino en otro proyecto que debía rodarse en la URSS (entonces invadida por los nazis) y cuyo protagonista era un integrante de la División Azul. Pero las derrotas alemanas en el Frente del Este hicieron que se anulase el proyecto.

Diez películas que inspiraron asesinatos reales

Habitualmente, los guionistas se inspiran en asesinos de la vida real para crear sus historias. Pero de vez en cuando surge algún criminal que culpa de sus actos a los guiones escritos por estos guionistas.

¿Es cierto que el cine tiene una capacidad de influir en la mente humana tan grande que puede obligar a alguien a hacer algo que no desea?

¿Padecen estos asesinos de la epidemia de infantilismo que invade nuestra sociedad y no quieren asumir su propia responsabilidad?

¿Culpan al cine de sus actos por consejo de sus abogados para intentar que la ley sea benévola con ellos?

He seleccionado diez películas que inspiraron asesinatos reales pero podrían ser más:

LOS DIEZ MANDAMIENTOS (the Ten Commandments, 1956)

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Guion: Dorothy Clarke Wilson, J.K. Ingraham y A.E. Southon. Dirección: Cecil B. DeMille

Heinrich Pommerencke, apodado “La Bestia de la Selva Negra”, era un joven alemán obsesionado con el sexo que tras ver la, según él, conducta libertina de las mujeres en Los Diez Mandamientos, decidió dedicarse a violarlas y matarlas en 1959 y 1960, hasta que fue detenido.

LA NARANJA MECÁNICA (A Clockwork Orange, 1971)

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Guion y dirección: Stanley Kubrick

Cuando se estrenó La Naranja Mecánica se puso de moda entre ciertos grupos de adolescentes británicos vestirse como el protagonista y sus amigos. Algunos fueron demasiado lejos en su deseo de emulación:

– Un adolescente de 16 años mató a patadas a un hombre de 60.

– Otro, vestido como el protagonista, golpeó salvajemente a un niño.

– Una joven holandesa fue violada por un grupo mientras cantaban “Singing in the Rain”, como en La Naranja Mecánica.

TAXI DRIVER (1976)

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Guion: Paul Schrader. Dirección: Martin Scorsese

En este caso fue un intento de asesinato llevado a cabo por John Hinkley Jr. que había estado bajo tratamiento psiquiátrico, tenía una novia imaginaria, había acosado a Jodie Foster y al presidente Jimmy Carter… y que cuando vio Taxi Driver se obsesionó tanto con el protagonista que acabó creyendo que era él.

En 1981 intentó matar al presidente Ronald Reagan e hirió a tres personas antes de ser detenido.

PESADILLA EN ELM STREET (A Nightmare on Elm Street, 1984)

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Guion y dirección: Wes Craven

En Inglaterra, Donald González quería ser famoso y no sabía cómo conseguirlo hasta que vio Pesadilla en Elm Street. La película le dio la idea: Si mataba a diez personas, todo el mundo hablaría de él y, además, sabría cómo se siente uno al ser Freddy Krueger.

Recorrió Sussex y el Norte de Londres durante tres días acuchillando a la gente. Mató a cuatro personas e hirió a otras dos antes de ser detenido.

Hay que señalar que había sido diagnosticado como esquizofrénico paranoide.

ROBOCOP 2 (1990)

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Guion: Edward Neumeier, Michael Miner, Frank Miller y Walon Green. Dirección: Irvin Kershner

Un asesino en serie de Orange County (Nueva York) declaró que mató a sus seis primeras víctimas de la misma manera en que lo hacía un personaje de Robocop.

EL REY PESCADOR (The Fisher King, 1991)

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Guion: Richard LaGravenese. Dirección: Terry Guillian

Aunque El Rey Pescador no es una película violenta, George Hennard declaró que una de sus escenas le dio la idea de entrar en una cafetería de Texas y disparar contra los clientes. Mató a 22 e hirió a 23 antes de suicidarse.

Los vecinos de Hennard dijeron que era una persona muy violenta y con ataques de paranoia.

ASESINOS NATOS (Natural Born Killers, 1994)

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Argumento: Quentin Tarantino. Guion: Oliver Stone, Dave Veloz y Richard Rutowski. Director: Oliver Stone

Asesinos Natos se lleva la palma en cuanto a película “inspiradora” de criminales hasta el punto que Oliver Stone fue llamado a declarar como testigo en algún que otro juicio por asesinato.

– En Georgia (U.S.A.), Ronnie Beasley se afeitó la cabeza, se compró unas gafas como las del protagonista de Asesinos Natos y, junto a su novia, Angela Crosby, se dedicó a recorrer el país en coche robando, secuestrando y matando a quien se les ponía por delante. La pareja se hacía llamar Mickey y Mallory, como los personajes del filme de Oliver Stone.

– También Nathan Martínez se compró unas gafas de sol y se afeitó la cabeza como Woody Harrelson antes de conducir hasta Salt Lake City, Utah, y asesinar a su madrastra y a su medio hermana de 10 años.

– Sarah Edmonson y Benjamin Darras se pasaron la tarde tomando LSD y viendo una y otra vez Asesinos Natos. Después cogieron un coche y condujeron desde Oklahoma hasta Mississipi, donde mataron a un hombre de un disparo. Continuaron hasta Louisiana donde dispararon contra Patsy Byers, a la que dejaron parapléjica.

El marido de Patsy Byers demandó a Oliver Stone, a la productora y a la distribuidora de la película porque consideraba que ellos habían inspirado los crímenes.

– Kimveer Gill disparó contra los alumnos del Dawson College de Montreal, Canadá, matando a una persona e hiriendo a 19 antes de ser detenido.

– Un chico de 14 años decapitó a una muchacha de 13 en Texas.

– Un grupo de jóvenes que había visto la película 19 veces, mató a un camionero en Georgia, U.S.A.

SCREAM (1996)

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Guion: Kevin Williamson. Dirección: Wes Craven

– En enero de 1998, Samuel Ramírez, de 14 años y Mario Padilla, de 16, apuñalaron 45 veces a la madre de éste último en California. Dijeron al juez que lo habían hecho para robar a la mujer una cantidad de dinero que necesitaban para comprar un disfraz y una máscara como las de Goshtface, el asesino de Scream.

– En Inglaterra, Daniel Gill y Robert Fuller, de 14 y 15 años respectivamente, apuñalaron 18 veces a una amiga. Antes del intento de asesinato habían estado viendo Scream en casa de un traficante de drogas.

– En Florida, un hombre con la máscara de Goshtface disparó contra una mujer, matándola.

– En Francia, un chico mató a sus padres.

– En Inglaterra, dos niños mataron a otro.

MATRIX (The Matrix, 1999)

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Guion y dirección: Larry y Andy Wachowski

– Se dice que los autores de la matanza del instituto de Columbine se habían inspirado en la película, pero lo cierto es que no vivieron para confirmarlo.

– Quien sí aseguró haber sido influido por Matrix es Lee Boyd Malvo que, junto a John Allen Muhammad, mató a 3 personas en Louisiana y Alabama y a 10 en Whasington. Tenían planeado asesinar a 6 víctimas cada día para aterrorizar al país.

– Vadim Mieseges mató a una mujer en San Francisco y declaró en el juicio que había sido abducido por Matrix.

– En Ohio, una chica disparó en la cabeza a una mujer y pensaba hacer lo mismo con otras tres cuando la detuvieron. Declaró que no lo había hecho de verdad, que sólo era un sueño.

– En Virginia, Joe Cook, de 19 años, aseguró que no sabía lo que hacía cuando se vistió como el protagonista de Matrix, Neo, cogió un arma que había comprado porque se parecía a una de las usadas en la película, y mató a sus padres adoptivos. Seguramente, el hecho de que los padres biológicos de Joe fueran esquizofrénicos tendría algo que ver en el asunto…

AMERICAN PSYCHO (2000)

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Guion: Mary Harron y Guinevere Turner. Dirección: Mary Harron

– Michael Hernández asestó 40 puñaladas a su amiga Jamie Gough después de haber pasado la noche leyendo críticas y reportajes sobre esta película y sobre los asesinos de niños en Australia.

No son estas las únicas películas a las que se atribuye una influencia negativa sobre algunos espectadores. Tú ¿qué opinas? ¿La culpa es del cine o de los asesinos?

Diez películas de culto

Según la Wikipedia, película de culto es “cualquier producción cinematográfica que ha adquirido alguna clase de culto popular, ya sea por su formato, su producción, su trama o su significado histórico”.

Cuando pensé en escribir una entrada sobre diez películas de culto no pensé que la selección iba a ser tan difícil porque no me había dado cuenta de que existieran tantas producciones cinematográficas que puedan incluirse en esta categoría.

En fin… Ahí van mis diez:

FREAKS (1932)

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Freaks (La Parada de los Monstruos, en España y Fenómenos, en Latinoamérica) fue un completo fracaso cuando se estrenó pero es una de las películas de culto más buscadas por los cinéfilos hoy en día.

Dirigida por Tod Browning y escrita por Willis Goldbeck, Leon Gordon, Edgard Allan Woolf y Al Boasberg, Freaks transcurre en un circo y cuenta la historia de un enano que decide vengarse de la trapecista que se casó con él para apoderarse de su dinero. Casi todos los artistas del circo son personajes con deformidades físicas o discapacidades mentales al igual que los actores que los interpretan.

THE OUTLAW (1943)

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A pesar de que la publicidad vendiera Brokeback Mountain como el primer western gay de la historia del cine, eso es falso:

En primer lugar, porque Brokeback Mountain no es un western por mucho sombrero tejano y mucho caballo que tengan los protagonistas; en segundo lugar, porque el primer western gay de la historia del cine es The Outlaw (El Forajido), aunque la relación de amor-odio entre Doc Hollyday y Billy El Niño y los celos de Pat Garrett no se entienden muy bien al tener que sortear la censura de la época.

Tampoco ayuda a entender la historia el papel de la chica (Jane Russell) cuyo personaje está en el guion para disimular y que parezca que sus protagonistas son heteros.

Dirigida por el millonario Howard Hugues y con guion de Jules Futhman, Ben Hetch y Howard Hawks, la película es francamente mala pero tiene su encanto.

EL SÉPTIMO SELLO (1957)

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Escrita y dirigida por Ingmar Bergman, la acción de El Séptimo Sello (Det sjunde inseglet) transcurre en la Edad Media, durante la Peste Negra, y relata el viaje de un caballero cruzado y de su partida de ajedrez con la Muerte. Una obra maestra y un clásico de la historia del cine.

À BOUT DE SOUFFLE (1960)

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Dirigida por Jean-Luc Godard y con guion de éste y de Françios Truffaut, À Bout de Souffle (Sin Aliento/Al Final de la Escapada) es una de las películas emblemáticas de la Nouvelle Vague francesa.

À Bout de Souffle cuenta la historia de Michel, un delincuente que emprende un viaje desde Marsella a París y que durante el trayecto mata a un agente de la policía de tráfico. Cuando llega a París debe correr de un lado a otro para conseguir cobrar un dinero que se le debe y para evitar a la policía que le persigue.

LA CABINA (1972)

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La Cabina es un mediometraje dirigido por Antonio Mercero y escrito por él mismo, por Juan José Plans y por Jose Luis Garci y nos relata la kafkiana historia de un hombre, José Luis López Vázquez, que se queda encerrado en una cabina telefónica de la que no puede salir pese a los esfuerzos de los transeúntes para ayudarle.

LA MATANZA DE TEXAS (1974)

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Escrita por Kim Henkel y Tobe Hooper y dirigida por éste último, La Matanza de Texas (The Texas Chain Saw Massacre) cuenta las peripecias de un grupo de amigos que viaja a Texas y cae en manos de una familia de locos asesinos caníbales.

¿QUIÉN PUEDE MATAR A UN NIÑO? (1976)

Quién puede...

Una pareja de turistas ingleses llega a una isla española del Mediterráneo a pasar unos días de vacaciones. En la isla ocurre algo extraño: no se ven adultos, sólo niños, y parece como si la gente hubiera abandonado sus casas de repente y a toda prisa…

Así empieza la película escrita y dirigida por Narciso Ibáñez Serrador, un film de terror en el que la acción transcurre de día, a pleno sol y en un paisaje paradisíaco.

EL MARIACHI (1992)

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El Mariachi es la opera prima de su guionista y director, Robert Rodríguez. Hecha con un grupo de amigos, la película costó 7.000 dólares y recaudó 2.000.000.

El éxito de El Mariachi dio lugar a dos producciones más, protagonizadas por Antonio Banderas y Salma Hayek: Desperado y Once Upon A Time in Mexico.

LAS AVENTURAS DE PRISCILLA, REINA DEL DESIERTO (1994)

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Las Aventuras de Priscilla, Reina del Desierto es un film australiano escrito y dirigido por Stephan Elliott.

Sus protagonistas (dos gays y una transexual que trabajan como drag Queens) atraviesan el desierto australiano en un autobús llamado Priscilla para hacer una actuación en una sala de fiestas de un hotel.

IDIOCRACIA (2006)

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Escrita por Etan Cohen y Mike Judge y dirigida por éste último, Idiocracia (Idiocracy) ataca lo políticamente correcto y eso le ha hecho que tenga defensores y detractores a ultranza:

La película parte de la idea de que las personas inteligentes se reproducen menos que los individuos de bajo cociente intelectual, lo que provoca que en el año 2505 (fecha en la que se desarrolla la acción de Idiocracia) la humanidad haya involucionado y sea idiota e ignorante.

Bueno, estas son mis diez películas de culto aunque reconozco que me he dejado muchas en el tintero. ¿Cuáles serían las tuyas?

Vampiros en La Habana

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Vampiros en la Habana es un film cubano de dibujos animados para adultos. Estrenada en 1985, con los años se ha convertido en película de culto.

Escrita por los guionistas Juan y Ernesto Padrón y dirigida por Juan Padrón, Vampiros en La Habana tiene más de comedia que de película de terror (aunque algunos de los vampiros que aparecen son malos, malísimos).

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Vampiros en La Habana empieza con una breve introducción en la que nos cuentan que en 1870 los vampiros se dividieron en dos grandes fracciones:

– La europea, llamada el “Grupo Vampiro”, con sede en Dusseldorf (Alemania) presidido por el Conde Drácula.

– La americana (formada por vampiros que emigraron a Chicago), llamada “Capa Nostra” y presidida por Johnny Terrori.

Un vampiro científico, Werner Amadeus Von Drácula, lleva años investigando en busca de un producto que haga a los vampiros inmunes a la luz del sol. Cree haber encontrado la fórmula definitiva y se la da a probar a su padre, el Conde Drácula. El experimento es un fracaso, el Conde muere y Werner debe huir de Europa junto con su sobrino Joseph. Ambos se refugian en Cuba.

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Pasan los años y llegamos a 1933, fecha en la que transcurre la acción de Vampiros en La Habana. Ahora sí que Werner ha encontrado el producto que protege a los vampiros del sol, Vampisol, y se lo administra a su sobrino Joseph Amadeus Von Drácula (Pepito, desde que vive en La Habana).

Pepito no sabe que es vampiro y lleva una vida normal dedicándose a tocar la trompeta en un club nocturno y luchando contra la dictadura de Machado en un grupo revolucionario clandestino.

Los problemas empiezan cuando el científico decide hacer pública su fórmula para que todos los vampiros del mundo puedan tomarla gratuitamente:

El “Grupo Vampiro” europeo viaja a Cuba para impedirlo, ya que pretenden comercializar Vampisol ; y la “Capa Nostra” americana, por su parte, quiere apoderarse de la fórmula para evitar que su negocio de playas artificiales para vampiros vaya a la quiebra.

A partir de aquí, Vampiros en La Habana, es una entretenida película de acción y humor llena de chistes, persecuciones, sangre y diversión.

Existe una secuela de Vampiros en La Habana titulada Más Vampiros en La Habana de la que he leído buenas críticas pero sobre la que no puedo opinar porque aún no he conseguido verla.

 

Anónima, una mujer en Berlín

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Anónima, Una Mujer en Berlín (Anonyma, Eine Frau in Berlin) es una película escrita y dirigida por Max Färberböck y protagonizada por Nina Hoss.

El film está basado en el libro autobiográfico del mismo título de Marta Hillers y narra los hechos vividos por la escritora y un grupo de civiles alemanes (mujeres, niños y ancianos) durante la Batalla de Berlín, cuando el Ejército Rojo ya dominaba una parte de la ciudad.

En el tiempo que duró dicha batalla se calcula que unas 100.000 mujeres alemanas fueron violadas reiteradamente por los miembros del Ejército Rojo en la ciudad. Una de ellas fue la autora y protagonista de Anónima, Una Mujer en Berlín.

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La película empieza mostrándonos un Berlín en ruinas por los bombardeos y a un grupo de vecinos que se esconden de las tropas rusas en el sótano de un edificio hasta que son descubiertos por varios soldados del Ejército Rojo.

Allí, la protagonista de Anónima, es violada por primera vez y lo seguirá siendo (al igual que sus compañeras) repetidamente durante varios días por distintos soldados.

Hasta que decide que, ya que no puede escapar a esa situación, escogerá a un oficial ruso, el Mayor Andrei Rybkin (Evgeny Sidichin), para que la proteja a cambio de mantener relaciones con él.

Entre el Mayor Rybkin, cuya mujer fue asesinada por los alemanes, y la protagonista de Anónima, se desarrolla una relación forzada y tensa al principio pero que poco a poco se va convirtiendo en algo parecido al amor. Un amor imposible puesto que ambos saben que sólo puede durar lo que dure la guerra que está a punto de terminar.

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Anónima, Una Mujer en Berlín, cuenta lo que sucedió en la ciudad alemana en 1945 pero es extrapolable a cualquier otro lugar de cualquier otro país en guerra, y los atropellos y abusos que sufren los más vulnerables en esta historia son los mismos que soportan los civiles desarmados, las llamadas “víctimas colaterales”, en todos los conflictos bélicos.

Criando Ratas: Cine independiente y neoquinqui

Que Criando Ratas es cine neoquinqui lo dice Carlos Salado, su director y guionista.

Que Criando Ratas es cine independiente lo dice cualquiera que sepa que esta película ha costado 5.000 euros y seis años de trabajo y constancia por parte de un grupo de amigos.

Carlos Salado asegura que Criando Ratas es cine neoquinqui porque sus referentes son los directores Eloy de la Iglesia y José Antonio de la Loma y películas de los ochenta como El Pico y Perros Callejeros, pero la manera hiperrealista de rodar, su lenguaje casi documental, la frescura y naturalidad de sus actores le dan a este largometraje un sello propio.

Ver Criando Ratas es como espiar tras la cortina de una ventana a sus personajes que van y vienen, observarlos en su día a día, en sus disputas, con sus problemas de dinero, sus trapicheos de droga, sus robos, sus “negocios” poco claros y nada legales… Unas veces te ríes, otras te emocionas, otras te disgustas…

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Por algún lado he leído unas declaraciones de su director comentando cómo le ha influido el movimiento Dogma y eso es evidente en la película.

A mí Criando Ratas me ha recordado una serie americana poco conocida, del guionista David Simon y Edward Burns: The Corner, rodada en un barrio de Baltimore, U.S.A., muy semejante al de Criando Ratas. Dicha serie también utiliza un lenguaje visual de documental y, aunque hay algunos actores profesionales, la mayoría de los personajes que aparecen son gente del barrio interpretando su propia vida.

The Corner inspiró lo que sería una de las series de más calidad y prestigio de la televisión: The Wire, también creada por David Simon y Edward Burns.

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El escenario de Criando Ratas es Colonia Requena y las Mil Viviendas, de Alicante, y los actores son sus habitantes, la gente del barrio, los niños y jóvenes que se pasan el día callejeando y en sus parques.

La excusa argumental que utiliza Carlos Salado para que sus personajes se muevan y actúen es que su protagonista, Cristo (Ramón Guerrero), tiene una deuda con gente muy peligrosa y se pasa todo el día intentando conseguir una fuerte suma de dinero que debe entregar esa noche si no quiere sufrir las violentas y dolorosas consecuencias.

Cristo es un cani, un quinqui de los muchos que pueblan Criando Ratas. También lo son sus amigos. El resto de personajes no le andan muy a la zaga: prostitutas rusas, un macarra rumano, una banda de búlgaros…

La película ha sido presentada en pequeñas salas desde diciembre, y el siete de enero fue colgada en Youtube, donde ya la han visto casi 900.000 personas en el momento en que escribo esto. Aquí dejo el enlace por si alguien se anima a ver Criando Ratas.

Nosferatu: La soledad del monstruo

De todos los vampiros, literarios y cinematográficos que conozco, sólo el viejo Nosferatu de Murnau (Alemania, 1922) ha sido capaz de despertar mi compasión. Basada en la novela de Bram Stoker y con guion de Henrik Galeen, la película “Nosferatu, una Sinfonía del Horror” es una de las que mejor reflejan lo que significa ser un monstruo.

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El monstruo no es bueno ni malo. Ser un monstruo no es positivo ni negativo en sí mismo.

La diferencia entre la monstruosidad y la normalidad es una mera cuestión estadística:

Es normal aquello que entra dentro de la norma, es decir, que tiene las características mayoritarias en la naturaleza.

Es monstruoso aquello que tiene demasiadas propiedades que se apartan de la normalidad.

Por ello el monstruo es un ser anormal.

Y ser anormal tampoco es bueno ni malo, negativo o positivo, simplemente es un calificativo que describe lo que no sigue la norma.

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El conflicto entre normal y anormal, entre el monstruo y el resto de los seres, surge cuando se ven obligados a compartir un mismo espacio, porque el exceso de características que les diferencian no sólo les impide convivir sino que les enfrenta: para que uno de ellos sobreviva, el otro debe morir.

El vampiro está obligado a destruir al ser humano porque necesita su sangre para sobrevivir, como el león precisa de la carne de la cebra para alimentarse.

El ser humano necesita destruir al vampiro porque su proximidad es una seria amenaza para la supervivencia.

Ninguno de los dos es el “malo” de la película puesto que ambos se limitan a luchar por su supervivencia según les obligan las leyes naturaleza.

Nosferatu, eine Symphonie des Grauens

El monstruo, el vampiro, está condenado a la soledad a la vez que se ve obligado a buscar la proximidad con los seres humanos. Y el guionista Henrik Galeen y F.W.Murnau supieron reflejar muy bien esa soledad en la película Nosferatu, con ese pobre vampiro que vive aislado en su viejo castillo de los Cárpatos, sin nadie que le acompañe… que tiene que conducir él mismo su coche de caballos porque no tiene cochero… que sirve la cena a su invitado alegando que los criados están durmiendo, cuando sabemos que no puede tener criados… que pasa las noches solo y en vela, espiando tras la ventana lo que sucede en la casa de sus vecinos humanos…

Por eso, por esa soledad obligada y no escogida, Nosferatu me ha parecido siempre digno de compasión.

Cada vez que vuelvo a ver esta vieja película de Murnau y veo ese pobre monstruo, tan terriblemente feo, recorrer las calles vacías de la ciudad con su ataúd bajo el brazo, no puedo evitar sentir cierta ternura hacia él…