Better Call Saul: Los problemas de escribir un spinoff

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El guionista Vince Gilligan declaraba en una entrevista para el diario británico The Guardian que el personaje de Saul Goodman (Bob Odenkirk) nació cuando estaba escribiendo el guion de Breaking Bad y el equipo de guionistas pensó que Walter White necesitaba un “consigliere” que fuera para él lo que Tom Hagan era para Michael Corleone en “El Padrino”.

Saul Goodman viste mucho peor que Tom Hagan y la peculiar decoración de su oficina no sería del gusto de la familia Corleone, pero se convirtió en uno de los personajes más divertidos de la serie y esa fue una de las razones que llevaron a Vince Gilligan y Peter Gould a escribir un spinoff de Breaking Bad sobre él: Better Call Saul.

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En Better Call Saul este abogado liante y de moral “relajada” no es todavía Saul Goodman sino Jimmy McGill y está intentando abrirse camino como letrado aunque sus únicos clientes son jubilados que le contratan para que redacte sus testamentos.

Jimmy admira a su hermano mayor, Charles “Chuck” McGill (Michael McKean), un abogado de gran prestigio, y su afán es que su hermano se sienta orgulloso de él. Pero a Chuck le disgusta el poco respeto que Jimmy tiene por la ley y su afición a hacer trampas con tal de ganar un caso. Esto hace que la relación entre ambos hermanos sufra altibajos.

Tampoco ayuda demasiado el hecho de que Chuck tiene un carácter quisquilloso e inflexible y sufre de hipersensibilidad ultramagnética (al menos, eso asegura él) lo que condiciona su vida y la de Jimmy.

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Una de las dificultades de escribir un spinoff (serie creada a partir de otra) es que hay que ser consecuente con lo que se dijo del personaje en la serie original y eso puede traer complicaciones.

Es lo que les pasa a los guionistas Vince Gilligan y Peter Gould que, repasando episodios de Breaking Bad, encontraron una frase que no era más que un chiste sin importancia y que ahora les da problemas: En el episodio 4 de la temporada 3, Saul Goodman decía “Pillé a mi segunda esposa follando con mi padrino”.

Los creadores de Better Call Saul ni siquiera recordaban dicha frase pero ahora se encuentran con que van a tener que casar a su protagonista dos veces, como mínimo, a lo largo de la serie.

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Otro problema es que el personaje de Kim Wexler (Rhea Seehorn), la abogada, amiga y medio novia de Jimmy, se ha hecho cada vez más importante en Better Call Saul pero no estaba en Breaking Bad y tendrá que desaparecer tarde o temprano…

Los guionistas aseguran no saber todavía qué hacer con ella: ¿Harán que a Kim no le guste la transformación de Jimmy en Saul y rompa con él? ¿La mandarán de viaje a Europa? ¿La dejarán en coma? ¿La matarán?

¿Por qué nos gustan las historias de monstruos?

Desde hace miles de años el ser humano se ha sentido atraído por las historias que narran el enfrentamiento de un héroe contra un monstruo.

Alien, King Kong o los zombis de nuestros días son la nueva versión de seres monstruosos como el Minotauro, la Medusa o los dragones de los mitos de la antigüedad y las brujas, los gigantes o los ogros de los cuentos tradicionales.

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Habitualmente el monstruo es una amenaza para el héroe y/o para una comunidad:

San Jorge debe luchar contra el dragón porque éste destruirá el reino si no se le entrega una doncella cada cierto tiempo, los zombis deben ser eliminados porque pretenden devorar los cerebros de todo ser humano que se les ponga por delante, la bruja de Hansel y Gretel tiene esclavizada a Gretel y planea comerse a Hansel…

El monstruo puede ser una criatura extraterrestre como en las películas de “Alien”, un animal peligroso como en “Tiburón”, un hombre aparentemente normal pero que esconde un interior monstruoso como en la serie “Hannibal”. También puede ser una multitud como en el caso de los filmes de zombis. Incluso puede ser una extraña enfermedad que amenaza con acabar con toda la humanidad.

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A primera vista, las historias de monstruos son muy sencillas:

El protagonista se enfrenta a una criatura pavorosa y aparentemente invencible, pierde todas las batallas, su situación es cada vez peor a medida que avanza la narración y, cuando parece que va a sucumbir ante el terrible enemigo, realiza un esfuerzo sobrehumano que le otorga la victoria sobre el monstruo.

El héroe de estos relatos no es muy elaborado desde el punto de vista psicológico ni experimenta ningún cambio interior o evolución.

Se diría que estas historias son una repetición constante de la misma narración con ligeras variaciones como pueden ser lo pintoresco del aspecto del monstruo o la espectacularidad de sus poderes de destrucción.

Pero la simplicidad de las historias de monstruos es sólo aparente porque son relatos simbólicos, dirigidos a nuestro subconsciente.

Como todos los mitos y cuentos infantiles tradicionales, son narraciones en las que a través de una historia externa se relata un itinerario interior de cambio emocional.

Los héroes de estas historias no sufren cambios interiores ni tienen profundidad psicológica porque son arquetípicos y no la necesitan: el monstruo con el que se enfrentan simboliza la carencia, fallo humano o demonio interior que deben superar.

Matar al monstruo es un símbolo de evolución y superación que puede que no comprendamos de manera consciente (ni falta que hace: si lo hiciéramos, la historia dejaría de ser “sanadora” o “eficaz” para nuestra psique) pero que nuestro subconsciente sí que capta y entiende. Por eso nos gustan las historias de monstruos, porque nos ayudan a superar nuestros demonios internos.

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Existen cuatro variantes según el tipo de monstruo, su relación con el héroe y/o la forma en que el espectador percibe al primero:

Cuando le tomamos cariño al monstruo

Ejemplo de este tipo de películas son “Frankenstein” o “King Kong”. En ellas el guion empieza de la forma habitual con el monstruo causando estragos en una comunidad, pero a medida que avanza la historia nos vamos dando cuenta de que la criatura que debería asustarnos tiene cualidades buenas y parece más humano que los humanos, empezamos a justificar sus acciones y terminamos poniéndonos de su parte. Acabamos tomándole cariño.

Esta clase de película suele funcionar mal porque, desde el punto de vista de simbolismo subconsciente, si el monstruo no es “malvado” no puede ser el representante de un defecto interior y el espectador, que percibe esto inconscientemente, intenta reconstruir la historia a su manera para darle sentido, acaba percibiendo al héroe como negativo y no se identifica con él.

Huir del monstruo

“El Incidente (The Happening, guion y dirección de M. Night Syamalan) o “El Diablo Sobre Ruedas” (Duel, escrita por Richard Matheson y dirección de Spielberg) son dos muestras de esta variante de historias de monstruos.

En la primera, “El Incidente”, el protagonista se limita a huir, sin luchar, de la extraña enfermedad que hace que la gente se suicide, lo que puede ser lógico en la vida real pero resulta poco efectivo como simbolismo porque nadie supera un fallo interior intentando huir de él.

En el segundo ejemplo, “El Diablo Sobre Ruedas”, el héroe se pasa parte de la película huyendo de un camión que le persigue, pero llega un momento en el que comprende que no puede escapar y decide enfrentarse a su perseguidor con intención de acabar con él.

El mensaje simbólico de la primera sería: “Si huyes de tu demonio interior, puede que acabe desapareciendo”. En el caso de la segunda es: “Si luchas contra tu problema interno, acabarás derrotándolo”. Evidentemente, éste último resulta mucho más inspirador que el primero.

Otra muestra de film con protagonista que huye del monstruo es “El Proyecto de la Bruja de Blair” (“The Blair Witch Project”, escrita por Daniel Myrick y Eduardo Sánchez) donde un grupo de documentalistas son perseguidos por algo sobrenatural y mortífero a través del bosque hasta que todos acaban muertos. El mensaje simbólico en este caso es: “Si huyes de tus defectos internos, acabarán destruyéndote”.

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Matar al monstruo equivocado

Es lo que le sucede a Sean Penn en “Mystic River” (guion de Brian Helgeland) que cree que su hija ha sido asesinada por un amigo suyo y lo mata. Después descubre que el asesino es otro.

En este caso, el protagonista ha matado al monstruo equivocado y su situación es mucho peor que antes de hacerlo.

El mensaje simbólico es evidente: “Cuidado con luchar contra un fallo interno erróneo porque acabarás con problemas mayores de los que ya tenías”.

El monstruo mata al héroe

Es lo que sucede en “Valkiria” (Valkirye, guion de Chistopher McQuarrie y Nathan Alexander) donde Tom Cruise es un oficial alemán que conspira para asesinar a Adolf Hitler y acabar con el nazismo. El plan fracasa y Tom Cruise es fusilado.

Esta variante no suele gustarle al público porque el mensaje simbólico es desesperanzador: “Hay demonios interiores tan fuertes que, si intentas luchar contra ellos, acabarán derrotándote”.

1984: La dictadura de lo políticamente correcto

Lo que en “1984” se denomina “crimen mental” es lo que el Ministro de Propaganda de Hitler -Joseph Goebbels- llamaba “lo ideológicamente incorrecto” y lo que nuestros políticos actuales y sus lacayos califican como “políticamente incorrecto”.

En los tres casos el objetivo es el mismo: imponer el pensamiento único sin posibilidad de disentir.

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La película británica “1984” (Nineteen Eighty-Four) es una adaptación de la novela homónima de George Orwell.

Escrita por los guionistas Jonathan Gems y Michael Radford y dirigida por este último, “1984” transcurre en una sociedad totalitaria gobernada por el Partido Único y por el líder de este, el Gran Hermano, un dictador al que nadie ha visto nunca pero que observa a los ciudadanos a través de innumerables cámaras.

Además de las cámaras que vigilan, el Gran Hermano se sirve de otro arma para controlar a las masas: innumerables pantallas de televisión repiten consignas ideológicas que hay que aceptar como verdades irrefutables si no se quiere ser acusado de “crimen mental”.

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En “1984” nadie puede evitar ser observado por el Gran Hermano y es imposible desconectar las pantallas que adoctrinan a los individuos y les aleccionan a “pensar correctamente”, es decir: a repetir lo que dice el Partido Único sin cuestionarlo.

Quien se atreve a pensar y, por lo tanto, a disentir es considerado “socialmente inadaptado”, culpable de “crimen mental” y la Policía del Pensamiento actúa rápidamente para corregir y reeducar al individuo “antisocial”.

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El protagonista de “1984” es Winston Smith (John Hurt), un empleado del Ministerio de la Verdad cuyo trabajo consiste en reescribir la historia para que esta coincida con lo que el Partido Único y el Gran Hermano dicen.

Winston intenta pensar “lo correcto” pero no puede impedir darse cuenta de que la verdad no se corresponde con lo que muestran una y otra vez las pantallas. Se pregunta cómo es posible no ver la realidad por mucho que el Partido Único y la Policía del Pensamiento se empeñen en ello: “¿Cómo puedo evitarlo? ¿Cómo puedo evitar ver lo que tengo delante de mis ojos?” Esa será su perdición.

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“1984” es una historia triste, incómoda, que transcurre en un mundo gris, pobre, sucio, sin sol… Es una película estéticamente “fea”, con un feísmo intencionado que la llena de desesperanza y desolación.

“1984” no es una película agradable de ver como la novela en la que se basa no es grata de leer, pero la visión de la primera y la lectura de la segunda son imprescindibles para aquel que quiera escaparse de la dictadura del Gran Hermano y desee pensar y opinar por sí mismo.

Sorjonen, ciudad fronteriza

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“Sorjonen” es el título de una serie finlandesa creada por el guionista Miikko Oikkonen y distribuida por Netflix como “Bordertown” (Ciudad Fronteriza).

La serie se inicia con la llegada a la pequeña ciudad finlandesa de Lappeeranta, fronteriza con Rusia, del investigador de la policía Kari Sorjonen (Ville Virtanen), su esposa y su hija adolescente.

Los tres creen que Lappeeranta es una ciudad tranquila en la que podrán empezar una nueva vida más apacible que la que han llevado hasta ahora en la capital de Finlandia, Helsinki.

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Pero a Lappeeranta también ha llegado el crimen, la corrupción política, la codicia y la mafia rusa de la cercana ciudad de San Petersburgo, por lo que la vida de los Sorjonen no será tan plácida como ellos habían supuesto.

Pronto, la familia conocerá a los políticos locales, a Robert Degerman (Janne Virtanen), el hombre más poderoso de la ciudad y dueño de casi toda Lappeeranta, a los compañeros policías del protagonista, entre los que destaca la misteriosa Lena (Anu Sinisalo) que ha trabajado durante años infiltrada en la mafia de San Petersburgo… y Kari Sorjonen descubrirá que su labor como investigador criminal no va a ser, ni mucho menos, tan relajada como él creía.

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Sorjonen tiene una curiosa estructura: Por un lado, existe continuidad en las tramas personales de sus personajes y las relaciones entre ellos a lo largo de toda la primera temporada (y es previsible que continúe así en la segunda), por otra parte, los casos a resolver por Kari Sorjonen y sus compañeros son autoconclusivos pero no terminan en cada episodio sino que duran dos o tres capítulos cada uno.

Es una serie que puede enganchar a los amantes de los thrillers escandinavos por su cuidada estética llena de grises, por la contención y naturalidad de la interpretación de los actores y por la novedad de que la acción transcurra en Finlandia y Rusia y no, como estamos habituados, en Noruega, Dinamarca o Suecia.

Bordertown – Trailer 2017 from Fisher King Production on Vimeo.

Un guion es tan bueno como lo es su villano

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Aunque, como espectadores, nos identificamos con los protagonistas de las películas y series de televisión que nos gustan, lo cierto es que muchas veces son los villanos, los antagonistas, las auténticas estrellas de las historias de más éxito:

¿Crees que las aventuras de Batman tendrían tantos seguidores si no existiera el Joker?

Han transcurrido más de cien años desde que Bram Stoker escribiera “Drácula” y casi se nos olvida que el célebre vampiro no era el protagonista sino el antagonista de la novela y de casi todas las películas que se han producido sobre él desde entonces.

El impacto que causó la película “El Silencio de los Corderos” se basa en un magnífico villano que ni era protagonista ni antagonista, sino un personaje catalizador que ayudaba a mantener la historia en movimiento y daba información necesaria para que avanzase la acción. Sí, me refiero al inolvidable Hannibal Lecter interpretado por Anthony Hopkins y que eclipsó a la protagonista, Clarice Starling, y al antagonista, el asesino apodado Buffalo Bill.

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A la hora de escribir un guion hay que dedicarle tanto o más tiempo y atención al villano que al protagonista, aunque suele ser más divertido crear y desarrollar al malvado que al “chico de la película”. ¿Por qué? Muy sencillo: Mientras el protagonista debe seguir unas normas éticas o morales, el antagonista puede hacer cualquier cosa que desee para conseguir su objetivo y, por lo tanto, el guionista puede ser mucho más creativo con su villano que con su héroe.

Muchas veces el antagonista del guion es todo lo opuesto al protagonista. También puede ser una versión oscura y desequilibrada de la personalidad del héroe.

Si quieres crear un villano inolvidable debes tener en cuenta que no basta con imaginar a alguien muy malvado, además debes individualizarlo, hacerlo único, darle alguna característica que lo humanice y lo aleje del cliché.

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Debes tener presente que el villano no se ve a sí mismo como tal, de la misma manera que ninguna persona real -no importa lo malvada que sea- se considera a sí misma una mala persona. Seguramente, Hitler y Stalin tenían una idea más positiva de sí mismos que la que tenemos nosotros.

En el fondo, los villanos representan nuestros temores, nuestros deseos más profundos y oscuros, lo que nos da miedo de nuestro propio interior, de nuestros instintos más primarios…

Se dice que un guion es tan bueno como lo es su villano.

La Tercera Ola, fascismo en la escuela

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El ser humano es un animal gregario y como tal busca la aprobación de los que le rodean, del grupo al que pertenece. Algunos individuos prefieren pensar por sí mismos pero son los menos.

“La Tercera Ola, fascismo en la escuela” (Lesson Plan: The Story of the Third wave), es un documental que nos hace reflexionar sobre esa necesidad de aprobación y sobre lo peligrosa que puede llegar a ser.

Al inicio de “La Tercera Ola, fascismo en la escuela”, el profesor emérito de la Universidad de Standford dice:

“La pertenencia a un grupo es una de las necesidades humanas más básicas y para satisfacerla somos capaces de pasar del bien al mal, de lo que sabemos correcto y solemos hacer a lo que sabemos que está mal y no deberíamos hacer. Pero lo hacemos porque el grupo nos empuja a ello”.

“Otra característica de la mente humana es que tiene una infinita capacidad para justificar cualquier acción”.

“Los seres humanos racionalizamos más que razonamos. Creemos ser racionales, creemos sopesar nuestras acciones pero lo cierto es que las justificamos a posteriori para que encajen en unos valores sociales aceptables”.

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“La Tercera Ola, fascismo en la escuela” cuenta un experimento que llevó a cabo un profesor de historia, Ron Jones, con sus estudiantes de la Cubberley High School de Palo Alto, California, en 1967.

Uno de sus alumnos preguntó a Ron Jones cómo era posible que los alemanes hubieran seguido tan fácilmente a Adolf Hitler y el profesor tuvo la idea de recrear algo parecido en clase: lo llamarían “La Tercera Ola”.

Durante una semana, Ron Jones dio a sus alumnos determinadas consignas, frases cortas y sencillas que repetían una y otra vez: “Fuerza mediante la disciplina”, “fuerza mediante la comunidad”, etc.

Inventaron un saludo propio que debían usar sólo entre ellos, no debían hablar de La Tercera Ola con nadie que no fuera miembro de ella, si algún alumno objetaba algo, era expulsado de clase…

En ningún momento Ron Jones dijo si La Tercera Ola era de derechas o de izquierdas ni cuál era su propuesta para una sociedad futura o en qué consistía su ideología, sólo afirmaba que era un movimiento revolucionario que iba a acabar con la corrupción de la sociedad y de los políticos en el poder.

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Dos o tres estudiantes que se negaron a seguir el experimento porque no les gustaba el cariz que estaba tomando fueron marginados por sus compañeros que sí estaban entusiasmados por pertenecer a La Tercera Ola. Se les unieron voluntariamente alumnos de otras clases e incluso quisieron hacerlo estudiantes de otros dos institutos de la ciudad.

Al final de la semana, La Tercera Ola había llegado tan lejos que el profesor tuvo que acabar con ella porque se le estaba yendo de las manos.

En el documental “La Tercera Ola, fascismo en la escuela”, aparecen algunos de los alumnos que participaron en el experimento y no saben explicarse qué les pasó, cómo llegaron a tal grado de alienación pero todos afirman haber aprendido una gran lección para el resto de su vida: que es muy peligroso seguir al grupo por puro instinto y sin pensar.

3%: De webserie a serie de Netflix

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“3%” empezó siendo un proyecto de webserie cuyo episodio piloto fue subido a You Tube por su creador, el guionista Pedro Aguilera, y ha terminado convirtiéndose en la primera serie brasileña producida por Netflix.

Es una serie de ciencia ficción que transcurre en un futuro no muy lejano, en el que la superpoblación y la escasez de recursos han convertido el planeta tierra en algo muy parecido a un gran barrio de favelas brasileño.

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En “3%” el mundo está dividido en “Este Lado” y “El Otro Lado”.

En “Este Lado” la gente vive miserablemente en chabolas, pasa hambre, apenas tiene agua, viste con harapos…

La única esperanza de los habitantes de “Este Lado” es que, al cumplir los 20 años, tienen la posibilidad de ser seleccionados para realizar una serie de pruebas que, en el caso de ser superadas, les permitirá ir a vivir a “El Otro Lado”. Es una oportunidad única que sólo se les presenta una vez en la vida.

En “El Otro Lado” hay abundancia, riqueza, avances técnicos y de medicina y todos hablan de él como de un paraíso. El problema es que sólo el 3% de los que se presentan al proceso de selección para pasar al “El Otro Lado” superan las pruebas.

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El primer episodio de “3%” se inicia cuando todos los candidatos se dirigen al gran muro que separa “Este Lado” de “El Otro Lado”. Las puertas de ese muro se abren para dejarles entrar y tiene lugar la primera etapa de la selección: una entrevista personal con alguien de “El Otro Lado” tras la cual muchos serán rechazados.

A los candidatos restantes todavía les queda por delante un largo camino: En determinadas ocasiones deberán formar grupos y aliarse entre ellos para superar a sus adversarios. Otras veces la lucha será individual y todos serán enemigos de todos.

Dictadores cinéfilos: Hitler, Stalin, Mussolini y Franco

Hitler, Stalin, Mussolini y Franco comprendieron la importancia del cine como medio de propaganda política y como tal lo utilizaron para engrandecer sus figuras ante las masas. Pero también fueron grandes cinéfilos:

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Adolf Hitler

El líder del Partido Nazi tenía la costumbre de ver una película cada noche después de cenar. Le gustaban las históricas y las biográficas como “Bismarck” (1940) y “Der Grosse König” (El Gran Rey, 1942), sobre Federico de Prusia.

También era aficionado a las historias situadas en ambientes regionales tradicionales que reflejaban, según él, la verdadera Alemania o… la verdadera España, ya que confesó a la artista Imperio Argentina, en 1937, que había visto tres veces “Nobleza Baturra” (1934) y otras tres “Morena Clara” (1936).

Su aprecio por el cine español fue el que hizo que, durante la Guerra Civil Española, invitara a cineastas del lado franquista a rodar en los estudios germanos.

A Hitler también le gustaban la primera versión de “King Kong” (1933) y “Blancanieves y los Siete Enanitos” de Walt Disney. Hace unos años se encontraron unas pinturas de varios enanitos y de Pinocho firmadas por A. Hitler que se cree que están realizadas por el líder del Tercer Reich.

Adolf Hitler supervisó personalmente la realización de películas destinadas a glorificar la imagen del Partido Nazi y de su propia figura, como las realizadas por la directora Leni Riefenstahl: “Triumph des Willens (El Triunfo de la Voluntad, 1934) y Olimpiada (1936).

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Joseph Stalin

Como Hitler, Joseph Stalin tenía su propia sala de proyección privada y todas las noches, después de cenar, veía una película (a veces varias) con algunos de sus colaboradores más cercanos.

Le gustaban el film protagonizado por Johnny Weismuller en 1934, “Tarzán” y “Tiempos Modernos” (1936) de Charlot.

Cuando, en 1938, S. M. Einsenstein estaba acabando de montar “Alexander Nevsky”, el dictador soviético sentía tal apremio por ver la película que no pudo esperar a que ésta se estrenase y mandó que se la llevaran al Kremlin cuando aún no estaba terminada. Parece ser que le entusiasmó.

No le gustaban nada los westerns y detestaba especialmente a John Wayne hasta el punto de ordenar su asesinato por considerarlo un enemigo del comunismo y representante de lo peor del capitalismo. Agentes del KGB y varias células comunistas intentaron varias veces acabar con la vida del actor hasta que, a la muerte de Stalin, su sucesor Nikita Khrushchev canceló la orden.

Es conocida la afición que Joseph Stalin tenía de mandar hacer “desaparecer” de las fotografías a sus antiguos camaradas cuando él los declaraba traidores a la revolución y enemigos del pueblo. También los hacía desaparecer de las películas, como hizo con Trosky en “Octubre” (1928) de Einsenstein.

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Benito Mussolini

Al dirigente fascista le gustaba el cine y sentía debilidad por actrices como la norteamericana Anita Page (con la que mantuvo correspondencia) o la protagonista de “Éxtasis” (1933), Hedy Lammar.

El hijo de Mussolini, Vittorio (director de la revista “Cinema” y guionista), era el encargado de seleccionar las películas que el dictador y su familia veían en su residencia. La elección no debía de ser muy complicada si es cierto, como se dice, que veían todas las producciones que se exhibían en Italia.

Coincide con Stalin en su gusto por “Tiempos Modernos” e incluso permitió su estreno en Italia, a pesar de las ideas antifascistas de Charlie Chaplin.

En cambio, prohibió la película “Ragazzo” (1933), en la que se cuenta cómo un joven delincuente es rehabilitado por la sección juvenil del partido de Mussolini, porque no quería que la gente pensara que los fascistas provenían de ambientes marginales.

También veía filmes opuestos a su ideología y prohibidos por él mismo en Italia como la película pacifista “Sin Novedad en el Frente” (1930) o El Acorazado Potemkin” (1925).

 

Franco

Francisco Franco

Además de ver cine, a Franco le gustaba hacerlo. Ya en su época en África tenía una cámara con la que filmó la retirada de Xauen y otras experiencias militares. Estas películas se perdieron en 1936 cuando su casa en Madrid fue saqueada. No es difícil encontrar fotografías del dictador filmando con su cámara durante la Guerra Civil (en el Frente del Ebro, por ejemplo) y a lo largo de toda su vida en diferentes ocasiones.

En 1926 participó como actor en la película “La Malcasada”, un film en el que actúan diferentes personalidades de la época como el Conde de Romanones, el General Sanjurjo,  Millán Astray, Alejandro Lerroux, los toreros Belmonte y Sánchez Mejías, los escritores Manuel Machado y Valle Inclán…

También indicó temas a tratar en películas propagandísticas como “Prisioneros de Guerra” (1938), un documental sobre miembros de las Brigadas Internacionales.

Si cuando era militar acostumbraba a ir muchas tardes al cine con su mujer, cuando se convirtió en jefe de estado mandó instalar una sala de proyección en el Palacio del Pardo. En noviembre de 1939, la Dirección Nacional de Cinematografía (DNC), pide a las productoras UFA, Fox y LUCE que envíen cada semana sus noticiarios para que Franco pueda verlos. También veía, claro está, el NODO, además de películas comerciales.

Le gustaban los filmes históricos y los de ambiente militar. Una de sus favoritas era “Beau Geste” (1939) sobre la Legión Extranjera.

Utilizando el seudónimo Jaime de Andrade, escribió el guion de “Raza” (1941) y más tarde intervino en otro proyecto que debía rodarse en la URSS (entonces invadida por los nazis) y cuyo protagonista era un integrante de la División Azul. Pero las derrotas alemanas en el Frente del Este hicieron que se anulase el proyecto.

Restaurante de Medianoche: Historias de Tokio

“Restaurante de Medianoche” (Shinya Shokudo) es una serie de televisión japonesa que podemos ver con subtítulos en español gracias a Netflix.

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Adaptación de un cómic del mismo título, ganador del 55º premio Shogakukan de manga, la acción de “Restaurante de Medianoche” sucede en un pequeño local que abre a las doce de la noche y cierra a las siete de la mañana.

El protagonista (Kaoru Kobayashi) es el camarero, cocinero y único trabajador del restaurante. Todas las noches cocina un solo plato, el menú del día, pero si alguien le pide otra cosa también la prepara, siempre que tenga los ingredientes o los proporcione el propio cliente.

La  primera temporada de “Restaurante de Medianoche” consta de 10 episodios de unos 24 minutos de duración cada uno y sus historias son sencillas y cotidianas como los personajes que entran en el local.

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Cada capítulo tiene el título de un plato de cocina:

En “Sopa de Fideos con Verdura”, un locutor de radio descubre que la taxista que cena junto a él, es la actriz que interpretaba una serie de super héroes que él veía de niño.

En “Perrito de Maíz”, un actor antaño famoso, se siente celoso y se pelea con su ex ayudante que ahora triunfa en la televisión.

En “Cerdo a la Plancha”, una oficinista cena y teje jerseys de lana para los hombres de los que se enamora.

En “Tofu de Huevo”, un niño cree que tiene algo en común con una chica porque a los dos les gusta el tofu de huevo.

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Así, plato a plato, cliente a cliente, en “Restaurante de Medianoche” los espectadores entramos en las vidas y los problemas de los personajes a la vez que aprendemos cocina japonesa, ya que el cocinero de la serie nos da la receta del plato estrella de cada episodio, además de explicarnos algún que otro truco para que sepa mejor.

Antes de Morir: Mafia croata, motoristas suecos y narcotráfico internacional

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Antes de Morir (Innan vi dör) es una serie policíaca sueca con guion de Niklas Rockström y Wilhelm Behrman.

Su protagonista, Hanna, (Marie Richardson) es una policía que trabaja en la Unidad Contra el Crimen Organizado. Es tan estricta en sus principios que detuvo a su único hijo, Christian (Adam Palsson), cuando descubrió que éste traficaba con drogas.

Hanna piensa que su hijo debería comprender que si lo mandó a la cárcel fue por su propio bien, pero Christian opina que su madre es una entrometida que lo ha traicionado.

Christian ha pasado dos años en la cárcel y acaba de ser puesto en libertad cuando comienza Antes de Morir. Evidentemente, la relación entre madre e hijo está muy deteriorada aunque Hanna intenta, sin éxito, recomponerla.

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Sven, pareja de Hanna y policía como ella, es secuestrado cuando investigaba un asunto de narcotráfico relacionado con una banda de motoristas y poco después aparece su cadáver con muestras de haber sido torturado.

Hanna y otro policía, Björn (Magnus Krepper), se harán cargo del caso que llevaba Sven. Éste tenía un infiltrado al que únicamente conocía él y del que Hanna y Björn sólo saben que se hace llamar “Inez”.

La única manera en que pueden comunicarse con Inez es mediante mensajes telefónicos y nadie en la Unidad Contra el Crimen Organizado sabe de su existencia, ya que Hanna y Björn deciden mantenerlo en secreto pues sospechan que dentro de su grupo hay alguien que pasa información a los narcotraficantes.

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El hijo de Hanna trabaja en el restaurante de unos croatas, los Mimica, y parece haber encontrado en ellos la relación familiar que no tiene con su madre.

Los Mimica son una familia organizada al más puro estilo mafioso, dedicados al contrabando de drogas y relacionados con la banda de motoristas a la que investiga la protagonista.

Así comienza Antes de Morir. A partir de aquí, la serie combina el suspense y la acción con el desarrollo de las relaciones entre los personajes.

La sensación de peligro, la posibilidad de la muerte, la traición, la venganza, el amor y el desamor conviven en esta excelente serie sueca que es otra muestra de por qué las producciones escandinavas tienen un bien ganado prestigio.