La forja del héroe: el modelo narrativo más utilizado de la historia

El modelo narrativo llamado “La Forja del Héroe” o “El Viaje del Héroe” es el más utilizado de la historia:

Podemos encontrarlo en los mitos y leyendas de todas las culturas, en los cuentos tradicionales que han llegado hasta nosotros por transmisión oral de generación en generación, Cervantes lo utilizó en El Quijote (aunque seguramente no sabía que lo estaba haciendo) y se encuentra en los guiones de muchas películas, incluidas todas, o casi todas, las de la Disney.

Aunque “La Forja del Héroe” tiene variantes infinitas, su estructura básica es siempre la misma y se basa en la utilización de arquetipos.

El psiquiatra y psicólogo suizo Carl Gustav Jung fue el primero en observar que ciertas figuras que aparecen en nuestros sueños son iguales a personajes míticos de todas las culturas.

Jung llegó a la conclusión de que cada uno de estos arquetipos refleja un aspecto de la mente humana, es una parte de nuestra personalidad y forma parte del inconsciente colectivo. Por eso existen una serie de personajes y situaciones recurrentes en los mitos, leyendas y cuentos tradicionales: el protagonista que desea conseguir algo, el anciano sabio que le dota de poderes mágicos o lo adiestra en determinadas habilidades, el malvado villano, la madre buena, la madrastra mala…

El especialista en mitología y religión Joseph Campbell aplicó las teorías de Jung a sus estudios sobre las mitologías de los grupos culturales más diversos: polinesios, griegos, africanos, etc. Llegando a la conclusión de que estos sistemas simbólicos son creaciones naturales de la mente humana y por eso son comunes en culturas tan diferentes.

La Forja del Héroe implica siempre un viaje, por eso se le llama también El Viaje del Héroe, pero este viaje no tiene por qué ser siempre físico, puede ser un itinerario interior.

Según Campbell, la desorientación y perturbación de la sociedad occidental contemporánea podría deberse al descrédito y racionalización en que han caído las mitologías y arquetipos tradicionales que, al ser sometidos a una antinatural racionalización han vuelto a su lugar de origen, el inconsciente.

Quizá el creciente interés por antiguas supersticiones y la vuelta a distintas tradiciones paganas por parte de mucha gente hoy en día, se deba a la necesidad inconsciente de recuperar la magia y lo sobrenatural en un mundo cada vez más oprimido por la dictadura del materialismo.

Es posible también que el entusiasmo de los jóvenes de las últimas décadas por el género fantástico, se deba a la necesidad de llenar el hueco que ha dejado en su formación la escasa presencia de literatura clásica en la enseñanza y la sustitución de los cuentos tradicionales por otros supuestamente más “educativos”.

Baron Noir: Una serie francesa que podría ser española

Es lo que pensé cuando estaba viendo el primer episodio de Baron Noir: esta serie podría ser española. Lo pensé porque el primer capítulo de  Baron Noir empieza hablando de financiación ilegal de partidos políticos, de desvío de fondos y del cobro de comisiones ilícitas a empresas constructoras… Un tema que nos resulta muy familiar a todos los españoles.

Baron Noir trata también de enfrentamientos internos en el Partido Socialista, de traición, de grupos enfrentados… ¿Os suena?

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Producida y emitida en 2016 por Canal+ France y creada por los guionistas Eric Benzekri y Jean-Baptiste Delafon, la primera temporada de Baron Noir consta de 8 episodios de 52 min. de duración.

Su protagonista es Phillippe Rickwaert (Kad Merad), diputado del Partido Socialista y alcalde de Dunkerke.

Phillippe, al que llaman Baron Noir, no es precisamente honrado pero tampoco lo son sus compañeros de partido… empezando por Francis Laugier, candidato a la presidencia francesa que no duda, con tal de salvarse,  en traicionar al protagonista y hacerle cargar con la culpa de la financiación ilegal del partido. Esto desencadenará el deseo de venganza del protagonista.

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Cuando Baron Noir se estrenó, los franceses encontraron paralelismos entre su argumento y el “caso de los empleos ficticios del Ayuntamiento de París” en el que se vieron envueltos Alain Juppé y el expresidente francés Jacques Chirac cuando se descubrió que el Ayuntamiento de París pagaba los sueldos de varios empleados que nunca trabajaron allí, sino que lo hacían en el partido presidido por Jacques Chirac, el RPR. Supongo que ahora, cuando vean la serie, pensarán en el candidato derechista a la presidencia François Fillon, acusado de gastar el dinero de los contribuyentes en pagar elevados sueldos por empleos inexistentes a su esposa e hijos.

Los que hayáis disfrutado con series como la británica House of Cards, su homónima americana o la danesa Borgen, seguro que también lo pasaréis bien con Baron Noir.

El Melodrama: Entre los sentimientos y el sentimentalismo

Según el Diccionario de la Lengua Española de la R.A.E. melodrama es una “obra teatral, literaria, cinematográfica o radiofónica en la que se acentúan los aspectos patéticos y sentimentales”. También según la R.A.E., patético es aquello “que es capaz de mover y agitar el ánimo infundiéndole afectos vehementes, y con particularidad dolor, tristeza o melancolía”.

Son melodramas la mayoría de las telenovelas, muchas historias de amor, las comedias románticas, y esas películas que podríamos etiquetar como “muy bonitas, muy humanas y con muchos sentimientos”.

La característica básica del melodrama es la utilización de lo sentimental, su exageración y enfatización hasta cruzar la frontera entre los sentimientos auténticos y el sentimentalismo, entre las emociones verdaderas y la simulación de estas.

En este género los personajes no son individuos únicos e irrepetibles (como lo somos los seres humanos) sino estereotipos: La madre coraje, la mujer maltratada, el niño indefenso, el enfermo, el villano brutal, el desvalido, el humillado, etc.

Los personajes del melodrama carecen de la profundidad y elaboración que tendrían en otros géneros porque es necesario que el público se proyecte en ellos, les ponga su propia identidad o la de alguien que conoce. Si los personajes fueran muy elaborados y, por lo tanto, individualizados, el espectador sentiría compasión o simpatía por ellos, sí, pero no viviría la narración como si le estuviese pasando a él y no se conmovería tanto.

También las situaciones que se plantean en el melodrama son genéricas: Conflicto entre clases sociales extremas (muy altas y muy bajas), enfrentamiento entre un personaje muy muy bueno y otro muy muy malvado, cambio brusco de condición social (¿quién no ha soñado alguna vez con que le toque la lotería?), sacrificio extremo de un personaje que renuncia a su bienestar, su felicidad e incluso su vida por amor a su pareja, su hijo, su país o el bien de su comunidad…

¿Por qué es preciso que para que un melodrama cumpla con su objetivo de conmover al espectador, emocionarlo y hacerle soltar alguna lagrimita se utilicen situaciones genéricas y poco desarrolladas? Porque así el público rellenará los huecos de la historia con sus vivencias personales y pondrá sus propios sentimientos en lo que se le está contando.

Lo que conmueve al espectador de un melodrama no es lo que le ocurre a la protagonista de turno sino lo que siente que le pasa, le ha pasado o podría pasarle a él si estuviera en la situación del personaje.

Nota: Esta entrada está dedicada a Eli. Ella me dio hace unos días la idea de impartir un seminario sobre el melodrama y la diferencia entre sentimientos reales y sentimentalismo. ¡Estoy en ello, Eli! Un abrazo.

Nosferatu: La soledad del monstruo

De todos los vampiros, literarios y cinematográficos que conozco, sólo el viejo Nosferatu de Murnau (Alemania, 1922) ha sido capaz de despertar mi compasión. Basada en la novela de Bram Stoker y con guion de Henrik Galeen, la película “Nosferatu, una Sinfonía del Horror” es una de las que mejor reflejan lo que significa ser un monstruo.

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El monstruo no es bueno ni malo. Ser un monstruo no es positivo ni negativo en sí mismo.

La diferencia entre la monstruosidad y la normalidad es una mera cuestión estadística:

Es normal aquello que entra dentro de la norma, es decir, que tiene las características mayoritarias en la naturaleza.

Es monstruoso aquello que tiene demasiadas propiedades que se apartan de la normalidad.

Por ello el monstruo es un ser anormal.

Y ser anormal tampoco es bueno ni malo, negativo o positivo, simplemente es un calificativo que describe lo que no sigue la norma.

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El conflicto entre normal y anormal, entre el monstruo y el resto de los seres, surge cuando se ven obligados a compartir un mismo espacio, porque el exceso de características que les diferencian no sólo les impide convivir sino que les enfrenta: para que uno de ellos sobreviva, el otro debe morir.

El vampiro está obligado a destruir al ser humano porque necesita su sangre para sobrevivir, como el león precisa de la carne de la cebra para alimentarse.

El ser humano necesita destruir al vampiro porque su proximidad es una seria amenaza para la supervivencia.

Ninguno de los dos es el “malo” de la película puesto que ambos se limitan a luchar por su supervivencia según les obligan las leyes naturaleza.

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El monstruo, el vampiro, está condenado a la soledad a la vez que se ve obligado a buscar la proximidad con los seres humanos. Y el guionista Henrik Galeen y F.W.Murnau supieron reflejar muy bien esa soledad en la película Nosferatu, con ese pobre vampiro que vive aislado en su viejo castillo de los Cárpatos, sin nadie que le acompañe… que tiene que conducir él mismo su coche de caballos porque no tiene cochero… que sirve la cena a su invitado alegando que los criados están durmiendo, cuando sabemos que no puede tener criados… que pasa las noches solo y en vela, espiando tras la ventana lo que sucede en la casa de sus vecinos humanos…

Por eso, por esa soledad obligada y no escogida, Nosferatu me ha parecido siempre digno de compasión.

Cada vez que vuelvo a ver esta vieja película de Murnau y veo ese pobre monstruo, tan terriblemente feo, recorrer las calles vacías de la ciudad con su ataúd bajo el brazo, no puedo evitar sentir cierta ternura hacia él…

The Man In The High Castle: Una reflexión sobre la Guerra Fría

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Creada por el guionista Frank Spotnitz y producida por él mismo y por Ridley Scott, The Man in the High Castle (El Hombre en el Castillo), es una serie de Amazon basada en la novela del mismo título de Phillip K. Dick.

The Man In The High Castle es una ucronía, una reconstrucción ficticia de la historia utilizando situaciones hipotéticas.

El argumento se basa en la idea de que los vencedores de la Segunda Guerra Mundial fueron los nazis y los japoneses y que gran parte del planeta quedó dividido en dos grandes bloques:  Uno perteneciente al III Reich y otro bajo el dominio de los Estados Japoneses del Pacífico. Entre ambos quedó una tercera parte llamada la Zona Neutral.

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En The Man In The High Castle los personajes no son “malos” o “buenos” completamente, ni son juzgados por su pertenencia a uno u otro bando. El espectador puede empatizar con John Smith, dirigente nazi pero excelente padre de familia y dispuesto a hacer lo que considera correcto, aunque le perjudique. O sentir simpatía por el ministro japonés de comercio, fiel a su país pero preocupado por los acontecimientos políticos que pueden llevar a una guerra en la que morirían millones de seres humanos.  O identificarse con la protagonista, Julianna, que trabaja para la Resistencia pero no duda en enfrentarse a sus compañeros para salvar la vida de personas que considera que se lo merecen como Joe Blake, el espía alemán; o Thomas, el adolescente nazi al que podrían matar sus correligionarios si descubren que tiene una enfermedad genética.

Asimismo, hay personajes negativos en el bando de los “buenos”: en la Resistencia no todos son idealistas que luchan por la libertad, también hay individuos de turbio pasado que aprovechan la coartada moral de “estar en el lado correcto” para dar rienda suelta a su instinto criminal.

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A pesar de lo que pueda parecer a simple vista, El Hombre del Castillo no especula sobre cómo sería una sociedad gobernada por los nazis y los japoneses, sino que utiliza esa hipótesis para distanciarse y reflexionar sobre la situación geopolítica de los primeros años de la década de los 60, cuando gran parte del mundo estaba divido en dos bloques: uno dominado por la Unión Soviética y el otro por los U.S.A. y existía una tercera zona relativamente “neutral” que era la Europa occidental.

Los dos bloques estaban enfrentados en lo que se llamó la Guerra Fría y la amenaza de que una confrontación bélica entre ambos destruiría gran parte del planeta, hizo que reprimieran a duras penas las ganas de eliminarse mutuamente.

La acción de The Man In The High Castle transcurre en 1962, año en el que Phillip K. Dick publicó la novela en la que se basa la serie. Y no es casual que el libro se publicara en octubre de 1962, mes en el que la Crisis de los Misiles entre Estados Unidos y la Unión Soviética tuvo lugar y momento en el que estuvo a punto de estallar la tercera guerra mundial.

The Man In The High Castle es una reflexión sobre la Guerra Fría.

Funciones dramáticas de los personajes

En un guion no puede haber elementos inútiles porque todo aquello que no ayude a contar la historia la dispersará y la volverá confusa, le hará perder fuerza, claridad y concentración.

Esto es especialmente importante cuando se trata de los personajes, ya que ellos son las piezas principales con las que el guionista monta ese rompecabezas que es un guion. Por lo tanto, no debe haber personajes inútiles.

¿Cómo sabemos que un personaje es inútil?

Es más sencillo de lo que puede parecer a primera vista: Si tenemos en cuenta que todo personaje debe cumplir una función dramática dentro de la historia, bastará con examinar nuestro guion y preguntarse qué función desempeña cada uno de ellos en la historia: aquel que no cumpla ninguna será un personaje inútil.

¿Cuáles son las funciones dramáticas de un personaje en un guion?

Existen cinco funciones dramáticas básicas:

  1. Contar la historia: Cuando el personaje, con sus acciones, con lo que dice, por cómo reacciona ante las situaciones en las que actúa, por las decisiones que toma y las consecuencias de éstas, nos ayuda a comprender el relato, hace que nos interesemos por lo que se nos cuenta y/o hace avanzar el argumento.
  2. Apoyar a un personaje principal: Cuando sirve para dar profundidad a otro personaje y nos ayuda a conocerlo mejor, a entender qué siente y por qué actúa de la manera en que lo hace.
  3. Comunicar el tema, supraidea o superobjetivo temático de la historia: Es decir, ayudar a entender al espectador la “moraleja” o la filosofía de la narración.
  4. Realizar acciones necesarias para que avance la trama: Si el protagonista sube a un taxi, tendrá que haber un taxista que conduzca; si el antagonista compra rifles en el mercado negro, será necesario que haya un traficante de armas que se los venda, etc.
  5. Añadir color y ambiente a la historia: Si el guion es la biografía de un boxeador, necesitaremos que aparezcan otros boxeadores, entrenadores, y gente que haga “sentir” al espectador que “está” en el mundo del boxeo; si el relato ocurre en la Prehistoria, serán precisos personajes característicos de esa época por su comportamiento, sus quehaceres o su forma de entender la vida que le den un “clima” prehistórico a la película.

Un personaje puede realizar varias de estas funciones dramáticas básicas, pero si no lleva a cabo ninguna, es un personaje inútil y por la tanto hay que eliminarlo.

Z Nation acabará convirtiéndose en serie de culto

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Z Nation es una serie de zombis producida por SyFy que despierta odios y amores a partes iguales: Sus detractores la acusan de ser una copia de The Walking Dead, de tener menos presupuesto que esta y de que sus efectos especiales dejan mucho que desear. Sus defensores alegan que tiene más acción y es más divertida que TWD. Ambos grupos tienen razón.

Los creadores de Z Nation son Craig Engler y Carl Schaefer y ambos tienen experiencia en zombis y temas semejantes: Craig Engler es el autor del guion de las tv movies Apocalipsis Zombi (Zombi Apocalypse) y La Furia del Yeti (Rage of the Yety) y Carl Schaefer trabajó como guionista en La Zona Muerta (The Dead Zone) y Entre Fantasmas (Ghost Whisperer).

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La acción de Z Nation se sitúa tres años después del apocalipsis zombi, cuando un grupo de supervivientes deben cruzar Estados Unidos, desde Nueva York a California, con un presidiario cuya sangre parece ser portadora de una posible vacuna anti zombi. El presidiario, Murphy, es poco colaborador y la convivencia con él no es fácil.

Esta es la excusa para mantener a los personajes en movimiento constante mientras luchan contra zombis, bandas de delincuentes, sicarios mexicanos, grupos de supervivientes, mutantes y… cualquier cosa que se le pueda ocurrir a uno.

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Si buscas una serie profunda que haga reflexionar, o que tenga una estética “artística” Z Nation no te va a gustar. Tampoco te agradará si eres de los que piden una línea argumental sólida, porque en esta serie el guion es cada vez más loco.

Pero, precisamente, la locura de su guion (que va en aumento a medida que transcurren las temporadas) y las situaciones cómicas en las que a veces se encuentran sus personajes es lo que les gusta a sus seguidores.

Z Nation no es una obra maestra ni pretende serlo pero es divertida y está llena de acción. Apostaría algo a que acabará convirtiéndose en serie de culto.

Find my Phone: ¿Qué pasa con tu móvil cuando te lo roban?

¿Qué pasa con tu móvil cuando te lo roban? ¿A dónde va? ¿Qué hacen con él?

Cuando un ladrón sustrae un teléfono móvil no sólo se apropia de algo que puede darle una cantidad de dinero importante, también tiene acceso a mucha información personal de su víctima: fotos, vídeos, emails, contactos, etc.

El joven realizador holandés Anthony Van Der Meer se preguntaba qué clase de persona roba un móvil y dónde acaba ese móvil.

Para hallar respuesta a estas cuestiones decidió programar un teléfono con spyware que le permitiera tenerlo localizado, escuchar las llamadas que se realizaran desde el mismo y hacer fotos con él. Una vez programado el teléfono, se lo dejó robar en una estación de metro.

Este es el punto de partida del documental “Find My Phone”, de 21 minutos de duración, en el que Anthony Van Der Meer sigue durante semanas al ladrón de su móvil.

“Find My Phone” se ha hecho viral en You Tube donde ha recibido ya más de 5.000.000 de visitas.

Suspense (The Innocents): Lo más importante es lo que no se dice

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Producida y dirigida por Jack Clayton en 1961, “The Innocents” ( titulada “Suspense” en España y “Posesión Satánica” en Hispanoamérica) es una película ambigua y sugerente, con un rico subtexto y en la que lo más importante de la historia es lo que no se dice, lo que sólo se insinúa.

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Una mansión rural aislada en Essex (Inglaterra); una niña de 8 años, Flora (Pamela Franklin), que disfruta viendo cómo una araña devora a una mariposa; un niño de 10 años, Miles (Martin Stephens), que ha sido expulsado del colegio por algún extraño motivo del que no quiere hablar; una vieja criada que ha sido testigo de sucesos “inapropiados” acaecidos en la casa; la relación enfermiza y repleta de sexo y malos tratos de dos antiguos criados muertos en extrañas circunstancias… y una joven institutriz, Miss Giddens (Deborah Kerr), cuyo primer empleo consiste en encargarse de la educación de los dos pequeños. Estos son los ingredientes de “Suspense”, una adaptación de la novela de Henry James “The Turn of the Screw” (La Vuelta de Tuerca) con guion de Truman Capote, William Archibald y John Mortimer.

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“Suspense” tiene los elementos necesarios para ser un melodrama al estilo de los escritos por las hermanas Bronte o por Jane Austen: los pequeños huérfanos, la joven e inexperta institutriz, el tío y tutor de los niños, soltero y amante de la buena vida, la criada fiel y cariñosa… pero este envoltorio esconde en su interior una historia de fantasmas, alusiones sexuales, violencia insinuada y terror psicológico.

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“The Innocents” comienza en un mundo cotidiano, supuestamente normal y seguro, que poco a poco se va convirtiendo en un universo peligroso, lleno de sombras y lugares amenazantes, de situaciones equívocas y morbosas, de espacios oscuros y laberínticos…

Como laberíntico es también su argumento en el que unos niños aparentemente inocentes e ingenuos se sienten atraídos por la muerte y el dolor ajenos; una institutriz insegura se debate entre el deseo de proteger a sus pupilos y el sentimiento de culpa por sospechar que quizá esos niños poseen rasgos de perversión más propios de un adulto libertino y psicópata que de alguien de su corta edad; y unos fantasmas (no sabemos si reales o imaginados por Miss Giddens) se convierten en los antagonistas de la narración.

Sin Conflicto No Hay Drama

Recordemos que, “drama” es cualquier relato contado mediante los personajes y sus acciones, ya sea este una tragedia, una comedia, un western o un relato perteneciente a cualquier otro género.

Por eso la regla básica a la hora de narrar una historia es que sin conflicto no hay drama. ¿Por qué? Muy sencillo: Si para relatar algo sólo contamos con los personajes y sus actos, habrá que hacerlos actuar, y para ello necesitamos proporcionarles un conflicto que los obligue a luchar, a moverse, a realizar acciones.

A esta regla básica hay que añadirle algo más: Sin lucha tampoco hay drama. Porque si tienes unos personajes y les das un conflicto para que actúen, pero los personajes se dedican a lamentarse de su mala suerte y no hacen nada para mejorar su situación, seguirás sin tener un drama. Puede que tengas un interesante documental, un retrato de personajes o de circunstancias pero no tendrás un drama, no tendrás una historia contada mediante acciones.

CLASES DE CONFLICTO

Existen tres clases de conflicto:

Conflicto global: El hombre contra el mundo.

Es el tipo de conflicto que se produce cuando las personas se enfrentan con el mundo que les rodea. Por ejemplo:

– Un ciudadano que se opone a una ley injusta de su gobierno.

– Una secretaria que se enfrenta a la multinacional en la que trabaja.

– Una comunidad que lucha contra sus invasores.

Conflicto local: El conflicto entre personas.

Es el que tiene lugar entre individuos. El que sucede cuando obligas a dos personajes de caracteres muy diferentes a convivir:

– Un hombre obsesionado con el orden comparte piso con otro que padece síndrome de Diógenes.

– Una madre hippie y su hijo ultraconservador.

– Un vecino ruidoso y una profesora de yoga.

Conflicto interno: El individuo contra sí mismo.

Es el conflicto más interesante y el más difícil de llevar a la pantalla porque sucede dentro del personaje y no en el exterior:

– Un soltero juerguista y despreocupado debe superar su individualismo para cuidar a un bebé.

– Un celoso que sabe que perderá a su pareja si coarta la libertad de ésta.

– Un holgazán que debe trabajar duro si quiere mejorar su economía.

A la hora de contar una historia, no es necesario que nos ciñamos a un solo tipo de conflicto, se pueden combinar dos de ellos o incluso los tres. Pero sí debemos tener presente la máxima aristotélica: Sin conflicto no hay drama.